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capitalismo empresarial

                                                                                            Marco Villarruel A. *

El 17 de marzo del 2014 la policía brasileña anuncia una serie de acciones con el objeto de investigar un presunto lavado de 10 000 millones de reales brasileños. La campaña se denominó Operación Autolavado o Operacäo Lava Jato. Este será el momento que da inicio también al caso Odebrecht. De hecho esta empresa se vio involucrada desde el comienzo de las pesquisas en Brasil, su propia sede.

La ofensiva internacional contra Odebrecht data desde finales del año 2016. Y ni siquiera por iniciativa de fiscales, jueces ecuatorianos o de cualquier otro país donde tenía negocios esta empresa sino por la acción investigativa de la policía brasileña y por  la entrega de parte de una fuente no identificada de 2.6 terabytes de información sobre la empresa panameña Mossak-Fonseca, primero al periódico alemán Südddeutsche Zeitung y luego al Consorcio Internacional de Periodistas, que se encargó de poner en lenguaje periodístico algo del enorme material sobre ocultamiento de empresas, evasión tributaria, actos ilegales de presidentes, ministros, grandes empresarios y “personas políticamente expuestas” que activaban en el deporte, la cultura y arte y desde luego, en la política y en la economía.  Este sensacional acontecimiento, que revela una fisura enorme en el tablero político continental, y que algún momento se sabrá de dónde mismo vino, causó el terremoto político-financiero más importante de los últimos tiempos.

Lo primero que revelaron estos documentos es la nauseabunda corrupción que infesta los gobiernos latinoamericanos, incluidos los mal llamados “progresistas”. Esta suerte de telenovela de alcances inimaginables difunde cada día los pormenores de las conversaciones, las entregas subrepticias de enormes masas de dinero, los acuerdos políticos, el financiamiento de campañas presidenciales, las acciones delatoras (grababan y filmaban todo lo que más podían para informar primero y chantajear después). Todo esto a cambio de favorecer los contratos de la empresa más corrupta de Latinoamerica:  Odebrecht.

El capitalismo corruptor

Importa en este momento desenmascarar el sistema expoliador y corrupto del capitalismo empresarial. Ya desde los tiempos de la conquista las monarquías europeas a través de empresas oficiales o de la propia iniciativa privada desmantelaron las riquezas de las colonias, casi siempre a sangre y fuego. En tiempos de la colonia no sería la corrupción –que la había, desde luego- sino de la más inmisericorde explotación, incluyendo la esclavitud. Para viabilizar los sistemas de comercio establecieron empresas oficiales que normaban y monopolizaban el sistema de importación-exportación de mercaderías, plantas, animales, armas, papel, imprentas. La historia de la brutal explotación por parte de ingleses, holandeses, alemanes, españoles, portugueses, belgas es también la descripción de las artimañas más sofisticadas para corromper a cuanto funcionario nativo sea necesario. Entonces apareció la piratería, justamente para buscar nuevas formas de comercio, más libres y sin la mano severa de los ejércitos imperiales.

“La historia del capitalismo es extremadamente sangrienta”, dice César Rendueles en su libro Capitalismo Canalla. “En los inicios de la modernidad, los comerciantes eran pillos, granujas, buscavidas que se liberaron al desarraigrase de sus comunidades locales y se agruparon en bandas armadas para protegerse de los ladrones”. Ahora, cientos de años después  el carácter trapacero del capitalismo se muestra de cuerpo entero.

En aplicación de las estrategias modernas de las negociaciones internacionales y con el objeto de aplastar a la competencia (como buenos capitalistas que son) Odebrecht creó una Unidad de Negocios encargada de coimar a funcionarios en tres continentes. Dese allí pagaban, planificaban, manejaban dobles y triples contabilidades y comprometían a los que más podían.  Para este efecto ubicaban a los más importantes, a los que tomaban las decisiones y las iniciativas y a través de ellos llegaban a los mandos intermedios para que firmen, autoricen o amenacen a funcionarios reticentes.

Una estrategia especial fue diseñada para llegar a los presidentes, pero de eso hablaremos más adelante.

Los corruptos gerentes de Odebrecht tuvieron el buen cuidado de darse cuenta que los funcionarios de los gobiernos dizque revolucionarios no ponían ni un obstáculo para sumarse a los cabildeos. Eran locuaces moralistas y antihegemónicos de lengua para fuera pero ambiciosos de dinero y de poder. Un penoso ejemplo es el financiamiento a algún viaje que debió hacer Rigoberta Menchú:  (#Odebrecht financió la visita de Rigoberta Menchú a Ecuador, luego acordaron con Presidencia (la) participación en campaña #LaManoSuciaDeChevron, según el periodista Fernando Villavicencio).

Y además de todo, audaces. Tras pagar multas en algunos países y tener 19 presos en Brasil, siguen participando en la construcción de obras de gran envergadura en varios países de Latinoamérica. En el Ecuador sus oficinas atienden normalmente y tiene la desfachatez de litigar con la empresa española Acciona al negarse a abandonar el proyecto Metro de Quito, a vista y paciencia del gobierno que, además, sigue pagando los dividendos por las deudas y compromisos contraídos, sin cobrarle todavía un centavo por los robos al erario nacional.

Parte de la lucha contra los corruptos es entonces conocer y combatir el carácter depredador del capitalismo internacional.

  • Periodista y profesor universitario
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