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sociologo mario unda

Por Roberto Puente

Las evaluaciones sobre este proceso electoral están en curso, y arrojan algunas pistas del escenario y de los caminos que, sobre todo el movimiento popular, las fuerzas democráticas y de izquierda tienen para adelante. A continuación presentamos algunos extractos de las ideas que Mario Unda, docente universitario e investigador social, y Geovanni Atarihuana, director de Unidad Popular, expusieron en un conversatorio realizado en días pasados.

Mario Unda:

Es evidente que el correísmo ha perdido espacio, pero es necesario también tener presente que aún mantiene una votación importante. Se pueden hacer especulaciones sobre cuáles serán las continuidades y diferencias entre Moreno y Correa, pero por ahora partimos del supuesto de que muchos cambios no se van a encontrar.

Lo que se ve al momento es que Correa quiere salir del campo de juego profundizando la persecución, el atemorizamiento, para crear una situación más estable, ganar tiempo y posicionar al gobierno de Moreno. Ejemplo de esto es el juicio a la Comisión Anticorrupción, fundamentalmente porque se trata de personas que desde distintas posiciones tienen una imagen probada en defensa de los derechos de los movimientos sociales, de las organizaciones sindicales.

El mensaje que el gobierno nos envía es que va a profundizar el autoritarismo, la persecución, y que obviamente espera que nos quedemos cruzados de brazos, que nos echemos para atrás, agachemos la cabeza, para que un gobierno que entra con la legitimidad lesionada tenga tiempo de afirmarse.

Hay que tomar en cuenta que el correísmo muestra cierta capacidad para atraer a sectores que no estuvieron antes con él, como alguno de los líderes sociales que ahora acudieron al diálogo con Moreno y de una cierta intelectualidad joven, ubicada un poco hacia la izquierda que corrió tras esa candidatura. Esto quiere decir que el correísmo sí está en declive, pero este no es un declive final.

Esto nos obliga a pensar bien en la estrategia para enfrentar al correísmo. Es la primera vez que la izquierda ecuatoriana enfrenta un proyecto político de recomposición de la dominación de clase de la burguesía, con un lenguaje progresista y supuestamente de izquierda y que atrae sectores sociales y a masas en una magnitud considerable; y mantiene ese respaldo social por un tiempo largo. Las anteriores experiencias populistas que hubo en el Ecuador, desde Velasco Ibarra hasta Lucio Gutiérrez, no habían logrado profundizar en su control sobre la conciencia y la acción política de las masas, como lo ha hecho el correísmo, por tanto, como izquierda, no tenemos antecedentes con la confrontación que tenemos ahora.

Esa perspectiva estratégica debe permitirnos una aproximación que permita una respuesta para lograr aproximarnos a más sectores de masas, pues uno de los objetivos de estos regímenes es tratar de destruir a la izquierda y a las organizaciones que no se le someten, es necesario defender a los movimientos sociales y a la izquierda, y trabajar la unidad mirando para adelante a partir del proceso vivido.

Tenemos que enfrentar también la recomposición de la derecha. Más allá de nuestra voluntad y de lo que pudiéramos haber hecho, la polarización se dio entre el correísmo y la oposición de derecha. Pero sería falso creer que la votación de Lasso es un vuelco generalizado de la gente hacia la derecha, el voto útil jugó desde la primera vuelta, y eso se multiplica en la segunda vuelta, el voto consolidado y duro es menor a ese 48% de la votación de Lasso en segunda vuelta. Otra vertiente es el PSC, que creció en este proceso electoral.

Frente a eso, no podemos desvalorizar la votación que tuvo la opción de centroizquierda, tanto la candidatura presidencial de Paco Moncayo cuanto las candidaturas para asambleístas a nivel nacional al parlamento andino y en cada una de las provincia y distritos.

La izquierda cometió un error de apreciación grave en el 2013, cuando desencantados con el 3% que sacó la Unidad Plurinacional con Alberto Acosta, perdimos de vista que en los lugares en donde se presentaban conflictos sociales y resistencias de las organizaciones al correísmo, la votación fue significativa e importante; pero en la medida que todo se vio con el cristal de la derrota, no se utilizó el acumulado para comenzar un proceso de acumulación de fuerzas. Esa debilidad acumulada desde el 2013 se expresó en el 2017, sería triste que cometiéramos el mismo error.

La votación de Natacha Rojas, por ejemplo, fue por demás interesante, es una votación a partir de la cual se podría emprender una recomposición de una postura de izquierda, tanto en el nivel político general, como pensando en la problemática urbana y en la problemática de Quito. Hay que resaltar que tuvimos una alta votación en muchos lugares, que deben convertirse en el suelo político para acumular. Es necesario avanzar en una propuesta de izquierda que empiece a tener cada vez una presencia más fuerte para, en dos años, tener un piso de recomposición que nos permita mirar las tareas que seguirán estando adelante.

Geovanni Atarihuana:

Coincido con la necesidad de hacer una valoración colectiva en las izquierdas, de los desafíos que tenemos y, juntos, buscar respuestas que nos lleven a una praxis que incida mejor en el proceso de transformación en este país.

Las elecciones son una expresión de la lucha de clases. Los resultados electorales no deben verse solo en el número de votos que sacamos, es decir, quién ganó y quién perdió; eso es importante, porque determina quién se queda en el gobierno y en la Asamblea, y cómo queda la correlación de fuerzas, pero es necesario tener en cuenta los antecedentes y el contexto para poder explicarnos el comportamiento político de la gente.

El show realizado el 18 de abril en el coliseo Rumiñahui empezó al menos hace dos años, con la eliminación del MPD, de Ruptura, no entregando el fondo partidario a Pachakutik, en el propósito de posicionar en el imaginario de la gente que ellos, Alianza País, eran la única izquierda.

Hay que recordar que en el 2015 se planteó la reelección indefinida. Correa tenía planteada la continuidad del régimen, con él al frente.

Enfrentamos un proyecto complejo, porque el correísmo se disfraza de izquierda, tiene un gran liderazgo, trabajo comunicacional, ideológico, se ha enraizado en varios sectores populares y es un fenómeno nacional y nos ha costado al movimiento social y político enfrentarlo, nos ha debilitado, se tomó las banderas, la representación simbólica, compró dirigentes, reprimió al movimiento social.

Sin embargo, los movimientos sociales contaban con unas reservas, con las que resistió estos diez años. Sobre todo el 2015, en donde dimos batalla con movilizaciones que dieron como resultado que Correa no sea presidente ahora. La movilización de FUT, de la Conaie y grupos ciudadanos en general, hizo que Correa renuncie por cálculo político a ser candidato del 2017, ahí hay un elemento de reanimación del movimiento social.

Pese a nuestras debilidades hemos colocado varias propuestas en la agenda del debate nacional, tanto es así que en la segunda vuelta Lasso, como Moreno, han tenido que referirse a temas como el extractivismo, que lo puso en el debate el movimiento social y la izquierda, al igual que el acceso de la juventud a la universidad, la criminalización de la lucha social. En la batalla al correismo, no solo se ha quedado en la defensiva.

Luego del 2013, frente a un pueblo que reclamaba cambio y que quería salir del correísmo, dijimos que la alternativa no puede ser la derecha, que debe ser una propuesta democrática y de izquierda, y construimos el Acuerdo Nacional por el Cambio. No nos planteamos ir con Lasso en la primera vuelta, eso hubiera significado renunciar a ser de izquierda.

Hay que recoger lo acumulado, el resultado del casi el 7% de votos por Moncayo es el doble de lo que alcanzamos en 2013, pero también debemos reivindicar el 11% de Lourdes Tibán. En primera vuelta no logramos pasar y ser la alternativa, pero ese 7 % de los votantes debemos valorarlo bien, porque es una votación muy calificada que votó por una propuesta programática del centro hacia la izquierda, no se fue con las ofertas de Moreno y tampoco con el voto útil.

En ese contexto fuimos a la segunda vuelta y decidimos llamar a votar por Lasso, junto a Ayala Mora, la Cedoc Cut, Jorge Herrera de la Conaie, y movimientos ciudadanos. En los cinco millones que votaron por terminar con un gobierno corrupto y autoritario, por libertad y democracia, está el contingente importantísimo de la izquierda y sectores democráticos.

La decisión que tomamos puso en riesgo el poder del correísmo, se vieron obligados a hacer el fraude que los ha ilegitimado. Hicimos lo que debíamos hacer, que pierda el correísmo, estuvimos conectados con la base social. Tenemos un gobierno que nace ilegítimo, no nace con grandes auspicios, como en el 2006 o 2013.

Una cosa debe quedar clara, Lenin Moreno puede tener diferencia de estilo, pero tiene el ADN del correísmo, son un solo proyecto político y, como tal, tiene que ser enfrentado.

Debemos continuar en la reanimación del movimiento popular, vincularnos con la base social, entrar a la disputa de la base popular que cree que Correa es de izquierda. En términos estratégicos, necesitamos trabajar de cara al 2021, cuando habrá cambio presidencial si Moreno sobrevive a las dificultades, a la crítica situación; y debemos prepararnos por si no tiene respuesta.

Un factor clave es reposicionar lo que es la verdadera izquierda y su proyecto político, en todos los terrenos, tanto frente al correísmo que se sigue disfrazando de izquierda, como frente a la derecha.

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