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asi se vende la derecha

POR FRANKLIN FALCONÍ

El empate técnico de las tres principales candidaturas de oposición y la caída en picada de las intenciones de voto por Lenin Moreno es el resumen más aceptable que se puede hacer de lo mostrado hasta ahora

por las empresas encuestadoras. Eso, además de que, entre las cuatro, solo la de Moncayo tiende a crecer sostenidamente y podría, en caso de pasar a una segunda vuelta, aglutinar toda la votación de quienes no respaldan al régimen, y de los que incluso respaldándolo no confían en el binomio Moreno-Glas.

 

 

Para los candidatos de la derecha (Moreno, Lasso y Viteri) el voto de los indecisos es, en estas circunstancias, un trofeo codiciado. Y tras ello arrancaron en la campaña electoral, de manera oficial, este inicio de año. Pero ¿qué comenzaron planteando?, ¿qué ideas - fuerza los mueve?, ¿cómo intentan construir su imagen? Este es el momento de soltar el arsenal de mensajes concebidos el año anterior en las largas jornadas de discusión al interior de cada una de sus organizaciones políticas. Es ahora cuando se pondrán a prueba el neuromarketing, o la política 2.0, el baratillo populista de ofertas, o cualquier otro método por el que hayan decidido apostar.

 

El aburrido bonachón

 

Empecemos por el candidato del correísmo. La idea central del argumento comunicacional de Moreno es: “obras son amores”. Y cuando se habla de obras se refiere a reivindicar lo que hasta ahora ha hecho la denominada “revolución ciudadana” y que en gran medida se mide en asfalto y cemento, así como recordar lo que el candidato hizo cuando fue vicepresidente de la República, sobre todo con el sector de los discapacitados. Pero así mismo le permite ofertar muchas más obras, y jugar además con el clásico: “hechos, no palabras”, que ha sido un argumento de varias campañas a la reelección exitosas en el mundo.

Por otro lado, cuando se habla de “amores” se fortifica la imagen de un Moreno con un temperamento bonachón, ubicado en las antípodas de lo que representa Rafael Correa: la prepotencia, el autoritarismo, que son las marcas más complicadas de la última década de gobierno, y de las que los estrategas tratan de alejarse al máximo. Lenin no es Correa, Lenin es amor, es el mensaje implícito…

Así resuelven esa disyuntiva que parecía insalvable: cómo afirmar la votación de quienes aún confían en Correa y todo lo que Alianza País representa, y al mismo tiempo cómo alejarse de lo que ha significado esta última década en materia de derechos, que les ha quitado gran cantidad de apoyo.

Hay detalles en la forma de la propaganda que expresan estas ideas. Uno muy importante es el abandono de la preponderancia del verde limón en la línea gráfica de la campaña. Moreno, al regresar al Ecuador y aceptar la candidatura en una convención de su partido, lució una camisa de color blanco, que parecía desentonar con el verde intenso de Correa y los demás directivos. Desde ahí se supo que el actual candidato intentaría imponer una nueva simbología a su imagen: el blanco, al cual se asocian ideas de paz y amor. Ahora se ven diseños en los que prima el blanco con pequeños detalles de verde flex.

 

 

No hay que olvidar que en la campaña a la alcaldía, en Quito, el verde saturó la imagen de la ciudad y obtuvo el rechazo de la población, frente al multicolor de un Rodas que se mostraba como un respiro. 

 

El candidato de “la mano extendida” va a continuar con ese perfil de conciliador con el que se presentó cuando regresó al Ecuador. Su temperamento adusto y hasta aburrido es trabajado por los estrategas como el temperamento de alguien paternal y confiable. Van a tratar a todos los de la oposición como odiadores, mientras él se presenta como pacífico, dialogante.

Toda esta estrategia -que seguramente no cuesta poco- no es impecable, como pareciera a simple vista. Tiene debilidades muy fuertes, que se han comenzado a manifestar: En primer lugar, lo que puedan recordar los ecuatorianos de la obra de Moreno por los discapacitados se choca con una realidad dramática actual. En lugar de que esa obra creciera en el tiempo se ha ido diluyendo, pues ahora cada vez son menos recursos los destinados a la atención a este sector, se ha reducido el número de beneficiados de los bonos estatales y ya no se habla mucho de los discapacitados en el discurso oficial, una realidad que comenzó desde que Moreno ocupaba aún la Vicepresidencia.

Por otro lado, los escándalos de corrupción en distintos procesos de contratación estatal, en los que se ha involucrado a Glass, y hasta al mismo Moreno (como aquel de los contratos por diez mil dólares que el ex vicepresidente supuestamente daba a instituciones estatales y que cobraba a través de su fundación), así como el despilfarro en algunas obras inútiles han hecho que la potencia que antes podía tener el mensaje sobre las obras se haya reducido.

En cuanto a lo del candidato del amor, esto es un arma de doble filo. Sobre todo en la coyuntura actual, cuando el país espera pronunciamientos y acciones firmes y directas de parte de los candidatos en relación al castigo a los corruptos, algo en lo que Moreno aparece siempre atado de manos.

La imagen del bonachón es arma de doble filo, porque si hay algo que estos diez años de gobierno de Correa dejaron, es la confirmación de cierta necesidad que existe en los ecuatorianos de un liderazgo fuerte, y Moreno no da la talla para aquello. El llamado al orden que Correa le ha hecho en un par de ocasiones, como por ejemplo en el tema de las escuelas del milenio, han mostrado a un Lenin Moreno temeroso, sin personalidad, que genera dudas de que quien gobierne si llega a ganar sea el mismo Correa o el vicepresidente Glass. A Lenin Moreno le ronda el fantasma de la corrupción, la mentira y la traición, con todo lo cual no genera la suficiente confianza que el elector de hoy busca.

He decidido ver cómo viven ustedes…

En Guillermo Lasso no se ve nada que genere una ruptura con lo que ha sido hasta ahora la construcción de su imagen. Son cinco años de candidatura bajo la idea del ecuatoriano emprendedor, que lucha por las libertades y genera oportunidades de empleo para los ecuatorianos.

Su idea central es la del cambio, a la que acompaña una intensa promoción del hombre que escucha y comprende los problemas de la gente. Como dice uno de sus spots, hace años se bajó de su lujosa oficina en un edificio alto para recorrer el Ecuador y conocer a sus habitantes. Con ello intenta alejarse de la imagen negativa que para los ecuatorianos tiene un banquero. Le cuesta lograr la credibilidad necesaria, porque precisamente ese “bajarse” del rascacielos lo afirma como el aniñado que intenta hacerse el simpático ante la gente humilde. Se huele a demagogia, a un estructurado plan de marketing, en el que a los electores se les trata como a clientes. Lasso tiene un techo que parece insalvable.

Y también les ofrezco…

Cuando Cynthia Viteri eligió como binomio al ex ministro de economía de Lucio Gutiérrez, parece haber elegido también al populismo como opción de campaña. Aunque también Lasso entra en esos terrenos, con ofertas como el millón de empleos, Viteri ha ido más allá, con propuestas como la de subsidiar completamente a aquellos consumidores de hasta 110 kilovatios de energía eléctrica, o como aquello de subir los sueldos. Ella tomó desde el inicio el tema de la crisis económica como fundamento de su campaña, pero viniendo de alguien que representa a los poderes económicos del país, beneficiarios de la crisis, no puede sino ser demagogia pura y dura.

El mensaje de Viteri se ha mostrado como el más ideológico dentro de las opciones de la derecha. Ha insistido en atacar al correísmo relacionándolo con un supuesto eje comunista en la región, liderado por Venezuela. Y a ello responde también la presencia de Mauricio Pozo en la fórmula, un neoliberal ortodoxo, que durante el gobierno de Gutiérrez auspició la firma de la carta de intención con el Fondo Monetario Internacional e hizo a Gutiérrez declararse el mejor aliado de los Estados Unidos. A pesar de todos sus esfuerzos, Viteri no podrá superar el techo que la opción socialcristiana tiene en el Ecuador, después de la triste experiencia que tuvo con el gobierno de León Febres Cordero.

Las tres candidaturas analizadas, a pesar de estar entre las más opcionadas, inician la campaña con diques muy fuertes de superar. El papel de las organizaciones populares y las izquierdas es hacerlos más grandes e insalvables, pero sobre todo mostrar su opción propia, la del Acuerdo Nacional por el Cambio, con Paco Moncayo, como la única que proyecta honestidad y seriedad, la que genera confianza en que ese el cambio que los ecuatorianos sueñan y por el que han luchado todo este tiempo es algo posible si estamos unidos. Porque, como dice su eslogan: Juntos estaremos mejor.

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