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estupidos verdeflex

Por: José Villarroel Yanchapaxi

No hay revolución del Sumak Kawsay si no se hacen bien las cosas desde la gestión pública fue la idea al gobierno de Alianza País que anunció una revolución cultural que persiga la implantación de una cultura democrática y equitativa. La meta era una cultura de la excelencia, la eficiencia, la responsabilidad. En palabras de Rafael Correa: “Hacer las cosas rápido y extraordinariamente bien”. Entonces se gobernó con decretos de emergencia, se dio contratos sin licitación y a dedo. El resultado no podía ser otro que la corrupción.

El correísmo se llenó la boca afirmando que había implantado la cultura de la meritocracia, sin embargo en las altas esferas aquello de “manos limpias y corazones ardientes” quedó en papel mojado pues campeó el nepotismo basta citar el caso de Carlos Marx Carrasco, ex Director del Servicio de Rentas Internas (SRI) y  ex Ministro de trabajo quien fuera puesto en evidencia por el twitero Sebastián Cevallos quien denunció en las redes sociales que  María Augusta Espinoza su cuñada empleada en Centrosur,  su yerno Álvaro Vintimilla, Director regional de la Contraloría, Francisco Carrasco Astudillo, su primo, Gerente general de Centrosur, su sobrina Paula Rodas, trabajó en el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, Byron Carrasco Vicuña, su hermano fue Gerente del Banco de Fomento en Azogues Francisco Teodoro Polo, concuñado Director Regional de Hidrocarburos, su sobrina María Daniela Amoroso, sobrina trabajó en la Contraloría General del estado cuya hija y yerno trabajaron en instancias gubernamentales

La tan cacareada cultura democrática en el correísmo no existió pues siempre se creyeron imbuidos de superioridad moral. “Para hablar con la revolución ciudadana primero ganen elecciones”, “ustedes no representan a nadie”, “Cual fue el estúpido que dijo…” Allí se develaba el ego de los pseudorevolucionarios verdeflex al creerse  superiores  y excelentes. Los demás los opositores y los detractores eran inferiores y mediocres. Allí salió a flote la exclusión y el racismo tal como lo dijo su majestad. “Indios fracasados” ¿Con quién cree usted que está tratando?” “Usted no sabe con quién está tratando”.

 

La ley de cultura es una deuda pendiente con los ecuatorianos sostiene el correísmo. Después de una década de la caricatura de revolución ciudadana, la asamblea Nacional se apresta a aprobar esta ley al susto y a la carrera fieles al estilo del “tesorito” de Carondelet. Quienes la aprobarán serán asambleístas alzamanos como la hija del ex Ministro de deportes, otra hora “dueño del circo”, un ex futbolista goleador de la selección ecuatoriana que a duras pena puede leer un texto en el pleno del recinto legislativo o una asambleísta que hizo gala de su altísima cultura llamando a un colega con epítetos como cretino y mamarracho.

No tenemos ley de cultura pero tenemos carreteras, dirán los cultores de la farra verdeflex. Lo que queda claro es que en el campo del arte y la cultura el resultado es nefasto pues fue una década literalmente dedicada a la fanfarria. El presidente ecuatoriano, los asambleístas, ministros, secretarios y subsecretarios, etc., se dedicaron a farrearse los dineros públicos en noches culturales, sabatinas, gabinetes itinerantes, contramarchas,  etc, en donde la estrella principal era el mismísimo presidente que, apoderado de la tarima y el micrófono cantó con  voz desafinada acompañado de un grupo que el autodenominó como Necedades haciendo alusión al grupo Mocedades de España. El público era nada menos que una manada de borregos que eran forzados a aplaudir a rabiar cual si estuvieran escuchando a un cantante consagrado, agradecidos por el sanduche y la cola que le dieron a la entrada.

Cultura verdeflex camaleónica acolitada por bufones, saltimbanquis y sátiros que la hacían al corte al rey del insulto, la diatriba, los adjetivos calificativos despectivos. Los estúpidizados hombres y mujres verdeflex de algún modo se acostumbraron a celebrar los chistes de mal gusto, los comentarios sexistas, machistas, agrios y misóginos que celebraban la bravuconada, la prepotencia y la vanidad.

 

¿Cómo puede ser que durante una década haya funcionado un Ministerio de Cultura sin ley de cultura? Es otro supuesto milagro del moribundo jaguar latinoamericano pues esta institución sirvió para pagar favores políticos creándose una burocracia inculta y una diplomacia inexperta. Por allí pasaron como Ministros de cultura y patrimonio: Galo Mora With secretario particular del Presidente e integrante de Pueblo Nuevo, actualmente es embajador en Francia, Paco Velasco ex asambleísta y propietario de radio La luna hoy concesionada a Radio La Deportiva, Erika Silva Charvet esposa del socialista Rafael Quintero embajador en Venezuela, Guilloume Long de origen francés y nacionalizado ecuatoriano, presidente del Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (Ceaaces) actual Ministro de Relaciones Internacionales, Raúl Vallejo ex embajador de Colombia con quien el oficialismo intento sin éxito posesionarlo como rector en la Universidad Andina Simón Bolívar. Todos ellos fueron premiados con una embajada, un consulado reactualizando la cultura del comodín reciclado del correísmo.

La secretaria del buen vivir o del buen beber, como lo bautizó  la acusiosa sal quiteña, es uno de los organismos burocráticos creados por este gobierno que ilustran fehacientemente el despilfarro de esta década. Con un presupuesto de 3 millones de dólares anuales, promueve el sumak kawsay con viajes al exterior del experiodista Freddy Ehlers que congrega a su alrededor una burocracia espiritual que hace tai chi o medita profundamente en medio de inciensos y piedras sonoras.

Rafael Correa hizo del palacio de Gobierno el lugar perfecto para sus shows verdeflex en el que se mostró como amo y señor del banquete, la mesa y la sobre mesa (con chef belga incluido); allí cantó con íconos de la canción social de los años setenta como Piero, León Gieco y Víctor Heredia, además de Joaquín Sabina, Miguel Bosé, etc. Como es de suponer allí en su gallinero estos cantantes no le podían cuestionar su falta de armonía musical pues él era el anfitrión de la hora loca, del meneíto en medio de tecnocumbieras y lagarteros. Paradógicamente allí se convocaba la crema y nata verde flex vestidas con trajes de marca y minifaldas que el gobernante celebraba grandilocuentemente. “Que asambleístas que tenemos guapísimas ahh, eh Corcho hay que aumentarles el sueldo eh porque no tuvieron plata para comprar suficiente tela y todas con unas minifaldas dios mío, (risas). Yo ni me fijo en esas cosas me contaron, me contaron unas piernas y unas minifaldas impresionantes guapísimas las asambleístas (…)”.

Ya, en las sabatinas, el Rey del Karaoke se explayaba en contar a un público bobo de lo bien que la había pasado en sus viajes, lo que había comido y bebido y hasta se metía a dar clases de cultura culinaria y la prosapia de buen paladar y buena lengua. El toque intercultural lo ponía José Maldonado a quien el Mashi Presidente hacia bromas y el traductor oficial al Kichua de la sabatina tenía que soportar estoicamente.

Después de este segundo boom petrolero es de interrogar a los que dicen que ahora “van por más”: ¿Existió una verdadera revolución cultural? ¿Dónde están los estudios de grabación de audio y video, las imprentas para la edición de libros? ¿Deja como legado el correísmo una industria cultural en marcha? La respuesta es obvio que no. Los esstúpidos hombres y mujeres verdeflex organizaron el campeonato mundial del hornado, el campeonato mundial del encebollado, solo les faltó el campeonato mundial de Ecuavoley. Esa es la cultura del correismo hacer un campeonato mundial solo entre ecuatorianos.   

 

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