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el coca crisis

Por: Verónica Flores

Caminar por las principales arterias de las dos ciudades que hemos referido, como son la avenida Quito en Lago Agrio y la avenida Alejandro Labaca en el Coca es toda una odisea. Durante años el comercio ha movilizado a cientos de personas, el ajetreo en estos lugares  comerciales, atractivos para todo aquel que llegaba a visitarlos, ha disminuido enormemente, ahora son pocas son las personas que deciden gastar su dinero haciendo compras en los locales que están abiertos. Comedores, almacenes de electrodomésticos, tiendas, vulcanizadoras y otros negocios luchan contra una crisis que está afectando duramente a estas ciudades “petroleras” y en general al Ecuador.

La ciudadanía busca otras fuentes de ingreso económico que se encuentran muy  alejadas del oro negro, esto debido a las deudas que ahogan a los habitantes de estos lugares, pues atrás de ellos existen préstamos que no esperan y se deben cumplir, además familias enteras que depende de una sola persona para sustentar los gastos económicos del hogar.

Para los dueños de grandes camiones y trailers el ambiente laboral se ha tornado un juego de azar, están a la espera de ser contratados por alguien que pueda ofrecerles una estabilidad laboral y económica, pero esto no sucede debido a que no existe desde hace algún tiempo el anterior movimiento económico; Fabricio Reyes, representante de transportes pesados en  El Coca, dice: “Estamos parados, esperando que algún rato nos den trabajo”. La vida laboral cambió drásticamente, la crisis petrolera pone a estas ciudades en regresión económica.

Igual es el caso del sector hotelero. Sentado frente a la piscina de su establecimiento se encuentra muy preocupado Andrés Castillo, administrador del hotel San Carlos, quien dice: “Nuestro target siempre fue la industria petrolera y al terminarse la actividad petrolera también se termina la actividad del hotel”. Castillo no contó con que la crisis estaba muy cerca, no pensó en tener un plan de reserva para poder aplacar un poco la dificultad que está pasando la ciudad. Ha tenido que despedir a 8 de los 15 trabajadores que tenía porque no hay dinero que alcance, sin embargo en la buena época  siempre la economía se manejó sobre el 70% u 80%  y avanzaba para cubrir todos los gastos requeridos.

Castillo añade: “no vienen ni siquiera las personas que hacen negocios, los empresarios que ofertaban productos ya no rentan alojamiento, no comen aquí, lo más caótico es que después de haber tenido llenas todas nuestras habitaciones hoy solo tenemos dos personas, que pronto se irán”. Como este caso existe más del 50% de los hoteles que están pasando las mismas preocupaciones.

En el sector de los trabajadores que prestan servicios a la municipalidad de Lago Agrio  también se siente la intranquilidad con respecto a la situación laboral del país. Romel Alberca, secretario general de estos trabajadores, menciona: “existe una preocupación dentro de la clase obrera, como trabajadores que prestamos servicios palpamos que ha existido un abandono total en cuanto a los derechos laborales”. La aprobación del paquete de enmiendas es un tema que preocupa a estos trabajadores, se sienten desprotegidos por la reforma que existe en el Código de Trabajo, donde se plantea la disminución de horas laborales a un mínimo de 30 horas semanales (previo acuerdo entre trabajador y empleador), lo cual implica la disminución de ingresos económicos. Alberca dice “La solución y  propuesta dentro de las  centrales y organizaciones de agremiados es que lleguemos al poder para tener el derecho a la sindicalización, a la estabilidad laboral y económica y así tomemos otras decisiones donde  se consulte al pueblo qué es lo que realmente desea”.

Caminando por las calles se encuentra Dani Murillo, un comerciante colombiano que vive y labora desde hace dos años en El Coca, quien menciona: “Para el comerciante  colombiano es muy importante ganarse al cliente mas no subir los precios, porque no queremos ganar una sola vez, lo que deseamos es tener compradores fijos”. La competencia entre vendedores es muy notable por las calles, cada comerciante oferta su producto pero son pocos los que compran.

Ha caído la noche en El Coca.  Laura Camacho cierra su puesto de ropa en la amplia avenida Alejandro Labaca con la esperanza de que al día siguiente entren más clientes a su almacén y pueda vender más de 2  prendas, que fue lo que se vendió en este día  

La realidad que pocos conocen pero muchos la viven

Carlos Reyes hoy se dedica a vender ensaladas de frutas, recorriendo las calles. Lo despidieron hace 6 meses de la gasolinera Lago Agrio y dice: “He presentado carpetas en otras gasolineras, en el centro de atención ciudadana (CAC), en puestos de boutique, locales de ropa, empresas públicas, y no hay trabajo”. Reyes es casado y su esposa está esperando una hija. Para el mes que viene él arrendará  una pequeña parte de vereda a las afueras de una vulcanizadora, por la que  pagará 50 dólares al mes;  Reyes espera que la economía mejore, aunque su expresión facial dice que empeorará.

Carlos René Silva aún recuerda cuando su negocio de línea blanca marchaba bien, las ventas salían a diario, avanzaba para pagar un arriendo de 800 dólares mensuales. Hace dos meses cerró su local que estaba ubicado en la avenida Quito y se trasladó a su casa donde improvisó un cuarto para poner todos los artefactos, Silva menciona: “Los arriendos son muy altos y mucha gente por la baja del comercio ha optado por dejar los puestos de negocio. Si mi negocio no rindiera me dedicaría a otra área del comercio, un restaurante, textiles o calzado.” Con su esposa y tres hijos, solo espera que la situación no se agrave más en el país. .

Soledad Barragán tiene un pequeño negocio de jugos naturales dentro de un centro comercial, ella dice “Los sábados y domingos antes eran buenos, se ganaba 100 dólares entre los dos, ahora solo vendo 30 dólares a la semana, esto se debe a que la mayoría se va a Colombia”. Barragán ha ido  varias veces a Colombia y dice que allá los precios están convenientes, por eso ha comprado algunas cosas para su negocio.  Ella también atribuye a que la gente de los campos ya no sale tanto a la ciudad; añade y que si su negocio quiebra no sabe qué otro negocio poner, porque todo el comercio está malo.

Ignacio Condoy, dirigente del Frente de Defensa del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social Lago Agrio (IESS), manifiesta: “El movimiento social se ve muy preocupado por la falta de recursos de empleo, se despidieron muchos trabajadores y el comercio ha tenido una baja muy fuerte”. Menciona que se han realizado varias marchas para exigir la construcción de un hospital IESS para la región, y acota: “Sin embargo la ciudadanía tendrá que esperar porque la economía en el país está muy mala”. Condoy labora vendiendo chips de CLARO en la calle, manifiesta haber presenciado el cierre de locales, especialmente empresas que prestaban servicios a las petroleras, así como de los negocios de ropas, locales de alimentación; sostiene que  “ha aumentado la delincuencia, no hay trabajo, es más no hay una universidad para que los jóvenes se inserten en la educación superior”. Piensa seguir en el mismo trabajo hasta cuando le sea posible.

Para el Ecuador y especialmente estas ciudades los días se tornan cada vez más difíciles, la situación económica se agrava  y miles de ecuatorianos se encuentran a cada momento en las calles, en empresas u otros lugares buscado trabajo. Sin embargo, la triste realidad es que el gobierno cada día se endeuda más y busca un parche en el fondo del saco para cubrir huecos que son casi imposibles de tapar. 

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