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el capital Marx

Por: Mateo Rodríguez

El 14 de septiembre de 1867 se publicó en Hamburgo los primeros mil ejemplares de la primera edición del primer tomo de El Capital. Los medios de comunicación burgueses respondieron al Tomo I con una conspiración del silencio, pese a ello, con el avance revolucionario de la Comuna de París, esta obra comenzó a difundirse entre los obreros y revolucionarios de la época; el propio Marx reconoce esto y en sus palabras escritas para la segunda edición indicó: “No podría apetecer mejor recompensa para mi trabajo que la rápida comprensión que El Capital ha encontrado entre amplios sectores de la clase obrera alemana”. 

Marx dedicó 40 años a la creación de esta obra, tiempo en el cual desarrolló una nueva concepción del mundo y la sociedad. En carta a Weydemeyer, el “viejo topo” señalaba: “Yo espero conseguir para nuestro Partido una victoria científica”.

Luego de la publicación de la primera edición en 1867, preparó la segunda edición alemana que se publicaría en 1872 y revisó la traducción francesa que se publicó mediante fascículos entre 1872-1875. Carlos Marx no logró preparar para la imprenta el segundo y el tercer tomo; después de su muerte, su amigo de armas, Federico Engels, trabajó en recopilar y publicar estos dos libros. El segundo tomo salió al público en 1885 y el tercero 1894. Al referirse a estas obras, Lenin señaló que “Engels levantó a su genial amigo un monumento grandioso, en el que involuntariamente grabó su propio nombre con trazos indelebles”.

El esfuerzo para la construcción de la obra fue grande, no solo por la cantidad de información consultada, sino por los esfuerzos personales que el autor tuvo que pasar, en una carta escrita por Marx a Meyer, de la que da testimonio Franz Mehring en su obra Carlos Marx, el autor de El Capital señala: ”Y no tenía más remedio que aprovechar todos los momentos en que me sentía capaz de trabajar para poner término a mi obra, a la que he sacrificado la salud, la felicidad y la familia. Confío en que estas explicaciones serán suficientes. Yo me río de todos los que llaman hombres prácticos y de su sabiduría. Quien no tenga más aspiración que un buey, puede, naturalmente, volver la espalda a los dolores de la humanidad y atender a su propio provecho. Pero yo me hubiera tenido realmente por muy poco práctico, si hubiera muerto sin dejar mi obra terminada, al menos en forma de manuscrito”

La estructura de El Capital

En el Prólogo a la primera edición, el propio Marx define el objeto de estudio: «El régimen capitalista de producción y las relaciones de producción y circulación que a él corresponden». En el Posfacio a la segunda edición alemana, nos recuerda que el método en el que se basa la investigación es el dialéctico, el cual nos advierte, no es el de Hegel, sino su «antítesis». “Mi método dialéctico no sólo es en su base distinto al método de Hegel, sino que es directamente su reverso. Para Hegel, el proceso de pensamiento, al que él convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo (creador) de lo real, y lo real su simple forma externa. Para mí, por el contrario, lo ideal no es más que lo material traspuesto y traducido en la cabeza del hombre” señaló.

Cabe recordar que “La sociedad burguesa es la organización histórica de la producción más desarrollada y compleja. Las categorías que expresan sus relaciones, la comprensión de su organización, permiten comprender al mismo tiempo la organización y las relaciones de producción de todas las formas de sociedad pasadas, con cuyas ruinas y elementos ella ha sido edificada, de los cuales ella continúa arrastrando en parte consigo restos todavía no superados, mientras que meros indicios han desarrollado en ella todo su significado.”

El plan original de exposición de la obra (según escrito de Marx de 1858 el proyecto se resumía en seis libros)  fue abandonado, por la estructura de tres tomos: El Libro I subtitulado: El proceso de producción del Capital; el Libro II subtitulado El Proceso de Circulación del Capital; el Libro III subtitulado El Proceso de Producción Capitalista en su Conjunto.

En el capítulo de los Grundrisse titulado “El método de la Economía Política”, Carlos Marx expresa que el método usado en su obre el Capital permite pasar de lo abstracto a lo concreto, permitiendo de esta manera analizar las formas económicas, pues para ello no se puede utilizar el microscopio ni los reactivos químicos, sino la capacidad de abstracción.

En coherencia con lo expresado, el autor en su obra comienza haciendo un análisis abstracto de la mercancía y desarrolla las categorías del valor de uso, valor de cambio, el dinero como forma de valor, la plusvalía y la acumulación del capital. En cada etapa de la investigación, Marx profundiza la abstracción, sobre la base de las conexiones inherentes y las contradicciones de cada categoría, pasando de lo simple a lo complejo., por ejemplo: la plusvalía que en el Volumen I se discute en un nivel de abstracción del capital en general, se transforma en categorías como beneficio e interés en el contexto de capitales singulares en el Volumen III. Del mismo modo, el concepto de valor que aparece en el Volumen I aparece en forma de precios de producción en el Volumen III.

 La actualidad de la obra

La obra escrita por Marx hace 150 años es una crítica a la formación económica capitalista, las relaciones de producción y de cambio a ella inherentes, su actualidad radica en el análisis que hace a la sociedad aún imperante en la actualidad, por ejemplo Marx muestra que todas las cosas y los servicios que necesitamos vienen del esfuerzo del trabajo humano, por ello en su carta a Ludwig Kugelmann del 11 de julio de 1868 indicaba que “Cada niño sabe que cualquier nación moriría de hambre, y no digo en un año, sino en unas semanas, si dejara de trabajar. Del mismo modo, toda persona conoce que las masas de productos correspondientes a diferentes masas de necesidades, exigen masas diferentes y cuantitativamente determinadas de la totalidad del trabajo social”, es decir el trabajo humano crea un el valor de la mercancía.

Pero ese trabajo, generado por los obreros no controla ni la producción ni el uso que se dé a la mercancía. Bajo el sistema capitalista de producción, la propiedad de los medios de producción se encuentra en manos de unos cuantos, mientras que la vasta mayoría no posee nada excepto su habilidad para vender su fuerza de trabajo.

Para el año 2016, según informe de Oxfam, “el 1% más rico de la población mundial acumula más riquezas actualmente que todo el resto del mundo junto”. La crisis económica de 2008 no hizo más que profundizar este proceso. Según el mismo informe, la riqueza de las 62 personas más ricas del mundo aumentó 45% –o más de medio billón de dólares (US$ 542 mil millones) – en los cinco años posteriores a 2010. Al contrario, la riqueza de la mitad más pobre cayó en ese mismo período un 38%.

Los economistas burgueses calculan la ganancia como el premio para los capitalistas por el riesgo de invertir; el interés como la recompensa a los banqueros por el préstamo del dinero. En El Capital, Marx muestra que esta visión no responde a la realidad del sistema, la ganancia y el interés son productos de la explotación de la fuerza de trabajo humano y de la apropiación privada del valor creado por este trabajo. Marx concluye que  el capital no es una cosa, como pudiera ser una fábrica o un robot o una suma de dinero; sino una relación social específica, de la que los individuos son socialmente criaturas, mismas que deben luchar por desprenderse de ellas.

En los actuales momentos vemos como la globalización capitalista ha convertido en consumidores compulsivos a los seres humanos, quienes deambulan por los grandes centros comerciales adquiriendo mercancías, mismas que se encuentran creadas por la sangre y el sudor de miles de trabajadores; el caso de la muerte de cientos de congoleses extrayendo coltan para la construcción de teléfonos celulares, materia prima sin la cual los aparatos no fusionarían, es un ejemplo de ello.

Marx al analizar el capitalismo, dotó de la teoría científica que guiará al proletariado en la lucha por la revolución social. “La sociedad actual, lejos de ser un cristal sólido, es un organismo susceptible de cambios y siempre en vías de trasformación” señaló.

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