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                                                                                  Marco Villarruel A. *

Han sido el escándalo Odebrecht y el caso Panama Papers los que finalmente ayudaron a conocer algo del entramado corrupto del gobierno de Correa. A pesar de las numerosas denuncias de periodistas y políticos y hasta de los mismos ex aliados de Correa, las autoridades judiciales y de las instancias respectivas nunca investigaron y peor sentenciaron las denuncias hechas.

Pero hay una diferencia entre ambos casos. Mientras los Panama Papers se manejaron colectivamente y en apariencia en consenso, en cambio el acceso a Odebrech y sus aventuras gansteriles ha sido toda una odisea.

Es tan grande el poder de la empresa brasileña que ha obligado a varios gobiernos latinoamericanos, incluso a las esferas judiciales de los Estados Unidos, a sentarse a negociar los términos con los cuales entregará la información.

Esto quiere decir que las leyes y códigos Contralorías, Fiscalías, Policías, Comisiones de los Congresos de nuestros países son tan débiles que  se ven obligados a ofrecer  rebajas de condenas, tratos especiales, acuerdos de colaboración, delaciones premiadas o el mecanismo  de testigos protegidos a los gánsteres con el objetivo de obtener información de datos y personas que sus servicios policiales, fiscales o de inteligencia no pueden…  o no quieren encontrar.

La insistencia en la divulgación de estos hechos criminales va construyendo una banalización de los acontecimientos. Ya no llama la atención que sea un país lejano el que por razones de su seguridad financiera dé a conocer los actos de corrupción cometidos por personas o altas instituciones. Tal fue el caso FIFA que estalló el momento que la justicia norteamericana enjuició y encarceló a importantes dirigentes deportivos corruptos de varios países que durante años habían aprovechado para sí cuantiosas cantidades de dinero. La cascada de inmoralidades, muchas de las cuales se conocen día a día, van acumulándose de tal manera que hay el riesgo que el pueblo termine perdiendo interés y por tanto la exigencia para su sanción.

En el caso de los Panama Papers una fuente anónima (¿un gobierno?,¿un afectado?, una fuente de inteligencia?) hizo llegar casi doce millones de documentos al periódico alemán Studdeustch  Zeitung, en los que se daba a conocer los depósitos de millones de dólares en las cuentas de ciudadanos corruptos en los denominados paraísos fiscales (sólo entonces y también en la coyuntura electoral es que Correa se ocupó de los paraísos fiscales). El rotativo alemán encargó al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, que a través de decenas de periodistas del mundo procesó la información (dos o tres del Ecuador) y descubrió el manejo fraudulento de dinero, con el objeto de evitar el pago de impuestos o esquivar el conocimiento de pagos indebidos.  Por allí se pudo conocer a algunos comprometidos con el caso Odebrecht.

El caso Odebrecht es una investigación que dio inicio a partir del descubrimiento de prácticas corruptas en gasolineras brasileñas que se conoce con el nombre Lava Jato. Dado que se involucró a bancos estadounidenses, éste país tomó medidas desde diciembre del 2016 y entonces se conocen casos de coimas, sobornos a funcionarios gubernamentales de 12 países, incluido el Ecuador.

En Brasil el escándalo Java Jato permitió conocer una intrincada red de pagos indebidos de Odebrecht  a funcionarios públicos con el objeto de obtener concesiones petroleras y de construcciones.

Una simple deducción permite ver que no fueron las autoridades nacionales las que iniciaron las investigaciones y particularmente en el Ecuador que a pesar de muchas denuncias de periodistas y de políticos de oposición los funcionarios gubernamentales no tomaron ninguna decisión y más bien continuaron echándose mimos públicos, que han sido graficados en la prensa nacional e internacional.

Son ya dos fiscales ya que van y vienen de Washington,  Brasilia o Lima. Han viajado también varios funcionarios del gobierno anterior. Viajó también el alcalde de Quito, ex legisladores, y se aprestan a tomar el avión los nuevos asambleístas.

Odebrecht proporcionará nombres y los montos así como las circunstancias de los pagos (verdadera felonía) a cambio de perdones y rebaja de condenas. Qué quieren entonces los numerosos viajeros ecuatorianos? Será sincera la aspiración de moralizar el país, o como muchos sospechan se trata de anticiparse a las denuncias y poner las barbas en remojo? Los jueces en Brasil han dicho que darán poco a poco la información puesto que eso es lo que acordaron con la más grande mafia latinoamericana. Para hacer justicia en el país dependemos de don Norberto Odebrecht y sus muchachos.

Mientras tanto algunos dramas dignos de Ripley y que pasarán a la historia como ridículos y desesperados se producen en el Ecuador con el objeto de sacar el cuerpo de la trama de corrupción.

Veamos. La de estos últimos días fue la pugna a puñetazo limpio entre Pablo Celi y Sabett Chamoun por la dirección de la Contraloría del Estado, hasta hace poco dirigida por Carlos Pólit que se enferma el momento que comienzan a conocerse –gota a gota- los entretelones del  caso Odebrech. Verdadero capítulo de suspenso penitenciario donde actúa un sospechoso de recibir coima y un viejo politiquero oportunista que ve deslizarse su canonjía burocrática. La comedia representada por el nuevo Fiscal Baca Mancheno en su comparecencia en la Asamblea pareció más una sesión de trámite que nada sustancial aportó pero que ya dará razón a los halcones de Alianza País para decir que “están luchando contra la corrupción”.

Parte de la obra de teatro están también los paquetes de dinero encontrados en cajas fuertes, anaqueles y techos, como tratando de hacer entender que tras tanto gastarlo no había dónde esconderlo. Están las lujosas residencias, autos “de alta gama”, facturas de viajes y adquisiciones suntuosas. Aparecen ahora las declaraciones de los sospechosos que viven fuera del Ecuador que hacen pedazos la imagen de Rafael Correa. El último es la denuncia de Pedro Delgado, primo de Correa, en el que le acusa de haber dispuesto miles de propiedades y riquezas del Estado para entregar Alianza País y a varios de sus altos funcionarios.

Por su lado Correa a través de twits defiende a los corruptos y amenaza a sus coidearios del Movimiento o de la Asamblea porque no lo defienden como él desea. Lo cierto es que cada día se conocen más datos y por otro lado los papelones mediáticos del asambleísta José serrano, María José Carrión, no hacen sino ratificar la profunda fisura entre los correistas y los morenistas. Nada nuevo. Es la versión posmoderna de la partidocracia, populismo y caudillismo pos neoliberal.

15 junio 2017

  • Periodista y docente universitario
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