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lucha por la respub lica

En este artículo expongo que la disputa política actual del Ecuador en el eje correísmo/anticorreísmo es una lucha política por la forma del gobierno del Estado ecuatoriano. El eje correísmo/anticorreísmo no es más que la expresión fenoménica de la disputa política entre Dictadura y República, situación que ha unido a la izquierda y la derecha en los mismos bandos. Aquí sostengo que el modo populista de hacer política en el Ecuador produjo la forma de gobierno hiperpresidencialista o dictadura. La “tercera vuelta” es la expresión popular usada en las calles como un llamado metafórico para la Constitución de una República en el Ecuador en reemplazo de la dictadura.

Cuando hablamos de relaciones sociales de forma general también involucramos las relaciones políticas. En la coyuntura actual ya he polemizado sobre la subordinación temporal del eje izquierda/derecha al eje correísmo/anticorreísmo como un elemento teórico para el análisis del campo político ecuatoriano[1]. Pero mis artículos quedarían incompletos si no pongo en el debate el eje económico político arriba/abajo que expresa la categoría lucha de clases: los de arriba/los de abajo, las clases dominantes/las clases dominadas. Desde la concepción marxista el eje económico político arriba/abajo son las relaciones sociales de poder fundantes de las formas económicas y políticas, del Estado mismo y de su forma de gobierno.

En la expresión económica política de Marx las clases sociales se estructuran por la posición de los seres humanos en la producción y reproducción de vida, por la posesión de los medios de producción económicos pero también de los medios de producción del poder político, ideológico y cultural.

Cada ser humano tiene un modo de conocer y por tanto una concepción de vida según su ubicación en el modo de producción capitalista. De forma abstracta Marx sostiene que la lucha de clases es una lucha política de las clases dominantes vs las clases dominadas, en el sistema capitalista la burguesía vs el proletariado como se describe en el primer capítulo del Manifiesto. En esta relación de lucha se organizan las disputas del resto de las clases sociales existentes en una sociedad y sus formas de gobierno y control.

La lucha de clases de los de arriba contra los de abajo, de las clases dominantes y dominadas, de la burguesía y del proletariado, no es una lucha meramente económica, es también una lucha política, ideológica, cultural y sexual. Un obrero por el hecho de ser obrero por su posición económica no necesariamente cae por sí en el bando político o los bandos políticos del proletariado. Para que se formen bandos políticos determinados en el eje arriba/abajo tiene que haber, además de un posicionamiento económico, una ubicación en el modo de conocer y accionar político, ideológico y cultural. Esta tesis de Marx destruye el esencialismo sobre las clases sociales. La política se determina por la existencia social, por la producción y el modo de vida diario de una persona. La lucha de clases produce la composición del Estado y la forma de su gobierno.

La actual división del campo político ecuatoriano correísmo/anticorreímo es la expresión de la lucha política mediada por el Estado. La oposición correísmo/anticorreísmo ha dependido de la organización de la correlación de fuerzas políticas, pero sobre todo esconde la disputa por la forma de gobierno del Estado. En cada bando, correísta y anticorreísta, hay clases dominantes y dominadas, expresiones políticas de izquierda y derecha, liberales y comunistas, neoliberales y socialdemócratas. Este fenómeno que genera tanta ambigüedad analítica, simbólica y política, es en realidad la disputa contra la forma correísta del gobierno del Estado.

El populismo es un modo de hacer política que puede asentarse en diferentes formas de gobierno. El populismo considerado como la encarnación del poder político en una persona surge de las condiciones económicas y políticas de la sociedad, de las condiciones institucionales e históricas del Estado. El esquema discursivo del populismo con sus ambigüedades políticas e ideológicas nace en estas condiciones materiales, a las que se suman factores subjetivos y culturales.

La modernización de la hacienda ecuatoriana en los sesenta y setenta causó una modernización también en las relaciones políticas. No obstante, tanto en la sociedad como en el Estado sobrevivieron relaciones sociales hacendatarias que se combinaron con las nuevas formas que proclamaba la modernización capitalista. Esto produjo una combinación abigarrada de formas de producción y de relaciones sociales. La tendencia a la homogeneización económica y social se mezcló con la tendencia a su heterogeneización[2].

Las instituciones del poder estatal son herederas de esta historia abigarrada. El clientelismo hacendatario en el que las dádivas para los trabajadores se ejecutaban por el hacendado, pasó a su ejecución abstracta por el Estado; el autoritarismo del cacique y del terrateniente es el legado que hoy se manifiesta en las autoridades locales y nacionales con mayor poder territorial (alcaldes, prefectos, presidente). El discurso y organización populista se sustenta en estas prácticas institucionales. La organización institucional, normativa y costumbral del Estado permite y consolida el autoritarismo, el clientelismo y todo el aparato discursivo populista. Los estrategas del marketing político fundan aquí la teoría del populismo como una técnica aplicada a la disputa electoral.

La táctica de la izquierda, es decir la expresión política de las clases dominadas, que claudica con su visión del mundo es la que se olvida o se miente a sí mismo sobre los verdaderos intereses de las clases sociales. En el caso de la burguesía, la acumulación infinita de capital y poder. Respecto al eje arriba/abajo el correísmo defiende la acumulación del capital y a la generalidad de las clases dominantes. Esto determina que el correísmo sea de derecha. Las clases dominantes actúan de modo unido en la explotación económica, aunque de forma política actúen de forma heterogénea y tengan diversos partidos y posiciones políticas.

El Estado es la representación enajenada de la dominación política y la explotación económica de las clases sociales dominantes, es decir, del eje arriba/abajo. La izquierda política, los comunistas y los socialistas, han luchado históricamente para que la República como forma de gobierno se instaure en el Estado porque esta permite la expansión de las fronteras democráticas que el capital custodia, porque esta permite interceder desde abajo sobre las relaciones de poder.

En la República las clases dominadas no sólo que pueden tener representación política para defender y ampliar sus derechos, sino que pueden generan poder para luchar contra la misma acumulación del capital; para limitar legalmente la producción de plusvalía absoluta y la excesiva explotación, porque la política y el derecho son partes constitutivas de la misma producción económica.

Los plebeyos romanos que combatieron a los patricios[3] (siglo V a. c.), las clases populares y la burguesía francesas que combatieron a los aristócratas y terratenientes (1789), los proletarios y campesinos rusos y chinos que lucharon contra la burguesía en las revoluciones socialistas (1917, 1948), todos, todos lucharon por la forma republicana de gobierno. De Marsiglio de Padua a Locke, de Maquiavelo a Rousseau, de Kant y Robespierre a Lenin y Mao, todos abogaron por la República. El republicanismo del Estado moderno propulsa que todo representante no es más que agente fiduciario de los ciudadanos (o pueblo) que pueden ser controlados y depuestos. Para Marx el proceso evolutivo de la República tenía que pasar de la libertad basada en la universalización de la propiedad privada a la “asociación de productores libres e iguales” poseedores colectivos de los medios de producción que pueden resolver de un modo democráticos sus necesidades[4].

La forma republicana de gobierno es una victoria histórica de las clases dominadas de más de dos mil años que ha tenido que ser asumida por las clases dominantes. Sin embargo, en la historia no pocas veces la forma republicana ha caído en degeneración.

La dictadura nace en los momentos críticos de la historia de la República. Los romanos conocieron la dictadura como una institución excepcional para momentos de crisis de la República que no debía sobrepasar los 6 meses. En esos 6 meses el dictator podía ser controlado por el senado y los tribunos de la plebe, y después de los 6 meses, ser juzgado. Quien sobrepasaba los 6 meses se convertía en un déspota; de ahí provino, por ejemplo, el cesarismo, la personalización del Estado en Julio Cesar. La lógica de la dictadura personalizada es la lógica hegeliana del amo/siervo, la de pedir permiso para subsistir, existir, para hacer o dejar de hacer.

La Constitución del Ecuador del 2008, que surgió en un momento de crisis política, instauró una nueva forma de gobierno fundada en la ampliación de las potestades presidenciales, este tipo de dictadura o hiperpresidencialismo se renueva cada 4 años. En esos 4 años el Presidente, o Dictator dirían los romanos, no es controlado por ninguna institución. El correísmo, o la personalización política del Estado en Rafael Correa, no ha podido ser juzgado en 10 años, y hoy vamos por 4 años más de Lenin Moreno[5]. El hiperpresidencialismo ecuatoriano es producto del modo populista de hacer política.

El eje correísmo/anticorreísmo es la expresión de la lucha entre Dictadura y República, en una frase, es la lucha por la forma republicana de gobierno. Ese es el punto de acuerdo entre la derecha e izquierda ecuatoriana: la lucha por la República. La izquierda que claudica con sus principios es la que no ha entendido que en el Ecuador está en disputa la forma de gobierno del Estado; la lucha contra un despotismo de Estado incontrolado. Este es un tema acuciante de discusión para las ciencias sociales y políticas.

En el Ecuador, la academia, las universidades y los intelectuales les deben a sus ciudadanos la fundación de un movimiento teórico y práctico para abolir el hiperpresidencialismo, la nueva forma de dictadura instaurada en Montecristi. La izquierda política tiene un gran papel en esta batalla de ideas y en la organización política de la lucha social. Aquí se encuentran los cantos por el retorno ideológico de la izquierda.

Las voces que se escuchan desde el 2 de abril por la “Tercera Vuelta” traspasan los límites de la Constitución de Montecristi, transgreden los límites legales de las elecciones. La Tercera Vuelta se sustenta en un movimiento por la República como una forma democrática de gobierno. La metáfora de la “Tercera Vuelta” se sustenta en una legítima aspiración de la mayoría de la población por una transformación en la forma de gobierno, lo que no puede hacerse sin Asamblea Constituyente. La Constitución de Montecristi como la Constitución política de la dictadura tiene que dar paso a una Constitución de la República.

[1] La subordinación del eje izquierda/derecha (2017), Las dos derechas en segunda vuelta y la crisis de hegemonía del correísmo (2017).

[2] Esta es una tesis de Marx que contrarresta las teorías de la diferenciación y heterogeneización actual de las ciencias sociales, para más referencia puede verse mi tesis La producción teórica del trabajo en el Ecuador: una contribución a la crítica (2016).

[3] Véase mi artículo Tribuni Plebis (2016).

[4] Véase el artículo de Antoni Domènech  El socialismo y la herencia de la democracia republicana fraternal.

[5] Véase Elecciones presidenciales en el ecuador: una cruzada por el republicanismo (2017).

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