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 derrota fascismo

Partido Comunista Revolucionario - Brasil

En el capitalismo, las guerras son fruto de la competencia entre las clases dominantes de diferentes naciones por el dominio del planeta. En la Primera Guerra Mundial, se formaron dos bloques imperialistas opuestos: Triple Alianza (Imperios Alemán, Austrohúngaro y Turco Otomano) y la Triple Entente (Imperios Inglés, Francés y Ruso).

 

Algo nuevo, sin embargo, surgió durante la Primera Guerra Mundial: la revolución socialista de octubre de 1917, en Rusia; nueva decisión sucedía en el mundo, ahora dividido en dos sistemas antagónicos: el capitalismo y el socialismo. Los bloques capitalistas pasaron a tener un objetivo común: la destrucción del primer Estado obrero-campesino de la historia, en vista de la restauración del capitalismo en escala global. Fue con este propósito que el bloque vencedor invirtió en la economía alemana mil millones de marcos en seis años (1924-1929).

Cuando el nazismo se apodera de Alemania y explicita su intento de dominio mundial, las potencias capitalistas dominantes no intentan combatirlo. Al contrario, cierran los ojos a sus agresiones y hasta incentivan el monstruo nazi a dirigir su ataque contra la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS)

El plan de los países capitalistas para destruir la patria de los sóviets

En 1939, la URSS propuso a Inglaterra y Francia un pacto para acciones militares conjuntas si los países del Eje (Alemania, Italia y Japón), bloque nazi fascista, iniciasen la guerra en Europa. No hubo rechazo formal, pero ningún paso fue dado por parte de los países capitalistas para concretar el pacto.

Al contrario, Francia e Inglaterra sostuvieron con Alemania y Japón acuerdos de no agresión. Dejada sola, en agosto de 1939, la URSS firmó con Alemania un tratado de no agresión. Los dirigentes sabían que, tarde o temprano, Hitler rompería el acuerdo, pero consiguieron ganar un tiempo valioso para transferir parte de sus industrias para el este del gran territorio soviético, bien como reforzar su capacidad de defensa militar.

De 1938 a 1941, Hitler ocupó Austria, Checoslovaquia, Polonia, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Noruega, Grecia, Yugoslavia y, finalmente, Francia. En Europa central y oriental, Alemania adquirió inmensa cantidad de material de combate, medios de transporte, materias primas, materiales estratégicos y fuerza de trabajo, volviéndose fuerte lo suficiente para atacar a la Unión Soviética.

En 1941, Hitler, la bestia fascista, representando los intereses de los monopolios capitalistas, intentó poner fin al socialismo invadiendo la Unión Soviética, incendiando fábricas y plantíos, lanzando miles de bombas sobre la URSS y promoviendo la mayor carnicería que el mundo haya visto. Pero el heroico Ejército Rojo, dirigido por el Partido Comunista y por Stalin, apoyado por un pueblo libre, se levantó contra la bestia nazi y la aplastó, liberando la humanidad del fascismo.

La invasión hitleriana fue despiadada. Fusilaban en masa a las personas (mujeres, niños, adultos mayores), organizaban campos de muerte, deportaban para el trabajo forzado en Alemania. Por donde pasaban, no dejaban piedra sobre piedra. ¡Era la política del exterminio!

En respuesta, el gobierno, el Partido Bolchevique y el pueblo soviético lanzaron la palabra de orden: “¡Muerte a los invasores fascistas, al frente! ¡Todo para la victoria!” A las filas del Ejército Rojo se integraron millones de hombres. Fueron creados también varios regimientos de guerrilleros, contando con millones de combatientes.

La dedicación y bravura del pueblo soviético conmovieron al mundo y fueron decisivas para romper la resistencia capitalista (EUA, Inglaterra, Francia). Se formó finalmente el bloque aliado, antifascista, el frente único de los pueblos por la paz y contra el fascismo.

Cayera por tierra la idea de Hitler de que la ocupación de la URSS sería un paseo, una “guerra relámpago”. Los nazis no imaginaban la resistencia que encontrarían en las principales ciudades: Leningrado, Stalingrado, Kiev y Moscú, entre tantas. Hombres, mujeres, adultos mayores y niños se levantaron como muralla inexpugnable.

Los hechos del pueblo soviético repercutieron en el mundo entero, llevando un periódico burgués de los Estados Unidos, como el STAR, de Washington, a publicar: “Los sucesos de Rusia en la lucha contra Alemania hitleriana revístense de gran importancia no solamente para Moscú y el pueblo ruso, como también para Washington, para el futuro de los Estados Unidos. La historia rendirá homenaje a los rusos por haber suspendido la guerra relámpago, poniendo en fuga al adversario”.

La batalla de Stalingrado

En junio de 1942, los invasores avanzan, pero encuentran una barrera insalvable en Stalingrado. Durante siete meses de combate, los invasores perdieron 700.000 soldados y oficiales, más de mil tanques, dos mil cañones y morteros, 1.400 aviones.

Los invasores fueron destrozados, “cocinados en el caldero de Stalingrado”. En la derrota de Stalingrado, los nazis perdieron 1,5 millones de soldados y oficiales. “… Del punto de vista moral, la catástrofe que el ejército alemán sufrió en los accesos de Stalingrado tuvo un efecto bajo el peso del cual él no pudo más levantarse”. (La Segunda Guerra Mundial, B. Lideel Hart).

La batalla de Stalingrado terminó en 2 de febrero de 1943 con la victoria de los comunistas y marcó el giro en la Segunda Guerra y es considerada la mayor y más sangrienta batalla de toda la historia.

Sobre ese periodo, Stalin escribió: “El estado moral de nuestro ejército es superior al del ejército alemán, pues él defiende la Patria contra los usurpadores extranjeros y cree en la justeza de la propia causa, mientras que el ejército alemán conduce una guerra expoliadora y pilla el país ajeno, no habiendo la posibilidad de creer, por un minuto siquiera, en la justeza de su obra infame”.

A partir de Stalingrado, fueron dadas las condiciones para que decenas de otras ciudades por toda la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se liberasen del yugo del enemigo en 1943 y 1944, lo que estableció las condiciones para la expulsión definitiva de los invasores de la gran patria rusa.

Con todos estos éxitos, la URSS preparó una gigantesca contraofensiva para liberar, en el inicio de 1945, a los países del Este Europeo, una gran extensión geográfica que abarca desde los países bañados por el Mar Báltico (Dinamarca, Suecia, Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia y Alemania) hasta la región de los Cárpatos (República Checa, Eslovaquia, Polonia, Rumanía y Ucrania). Un importante factor para esa nueva victoria sobre los nazis fue el enorme apoyo recibido por el Ejército Rojo de los pueblos oprimidos, en particular de los combatientes de los partidos comunistas. Tras la liberación de estos países, fueron establecidas las condiciones para que la URSS dirigiese sus energías para la derrota final del nazi fascismo.

Después, sucedió la victoria del Cáucaso y se inició el proceso de expulsión en masa de los ocupantes nazis. “La Unión Soviética puede enorgullecerse de sus heroicas victorias”, escribió el presidente de los EUA, Franklin Roosevelt, añadiendo: “… los rusos matan más soldados enemigos y destruyen más armamentos que los otros 25 estados de las Naciones Unidas en conjunto”.

El final de 1943 marca el giro en el frente soviético y en la Segunda Guerra en general. El movimiento contra el nazi fascismo se consolidó y se amplió en todo el planeta.

En junio de 1944, con el ejército alemán abatido en todas las regiones de la URSS, las tropas angloamericanas desembarcaron en el Norte de Francia, dando inicio al frente occidental propuesto por el gobierno soviético desde el inicio de la invasión.

Se puede decir que a esas alturas la guerra estaba decidida, frente a la derrota alemana en Rusia. El mismo Winston Churchill, primer ministro británico, reconoce el papel fundamental de los soviéticos, en el discurso pronunciado en la Cámara de los Comunes, en julio de 1944: “… Considero mi deber reconocer que Rusia moviliza y golpea fuerzas muchísimo mayores que las enfrentadas por los aliados en el Occidente, que, hace largos años, al precio de inmensas pérdidas, ella soporta el principal fardo de la lucha en tierra”.

Un ejército libertador: “¡Para Berlín!”

A pesar de las inmensas pérdidas, el Ejército Rojo avanzó en el rastro de los alemanes por Europa Oriental adentro, fustigando a los nazis y auxiliando a las fuerzas populares de la resistencia a derrotar a los ocupantes y sus colaboradores internos. Repúblicas democrático-populares fueron electas con los partidos comunistas al frente en Polonia, Hungría, Yugoslavia, Checoslovaquia, Rumania y Bulgaria.

“¡Para Berlín!” era la palabra de orden del ejército libertador. No fue un paseo. La resistencia nazi, aunque debilitada, producía encarnizados y sangrientos combates. Los rusos victoriosos no mataron, no pillaron, no se vengaron de los crímenes cometidos por el ejército alemán en el suelo soviético. Al contrario, alimentaron a los hambrientos, organizaron la asistencia médica, el funcionamiento de los transportes, la distribución del agua y de energía eléctrica.

A 2 de mayo de 1945, el Comando Supremo alemán firmó el acto de capitulación incondicional de las fuerzas armadas, con la bandera de la URSS centelleando en el alto del parlamento alemán, en Berlín. El día 09 de mayo, hubo un inmenso acto en Moscú en conmemoración al fin de la Gran Guerra Patria (como los soviéticos denominaron su participación en la Segunda Guerra Mundial) y, desde entonces, hasta hoy, se celebra en Rusia esta fecha como el Día de la Victoria.

Los nombrados países aliados, EUA e Inglaterra, aplazaron todo cuanto pudieron la ayuda concreta a la URSS (que estaba combatiendo del lado oriental). Su objetivo era desencadenar un segundo frente de guerra (del lado occidental) contra Alemania, esperando que los soviéticos fuesen derrotados por los nazis. Viendo la imposibilidad de su deseo hacerse realidad y temiendo que la URSS derrotase sólo a los nazis-fascistas, apenas el 6 de junio de 1944 fue desencadenado el Segundo Frente.

Este evento es conocido en la historia como el desembarque en Normandía o el “Día D”. Generalmente es presentado en diversos libros, revistas y películas estadounidenses como el día determinante que garantizó el giro definitivo de la guerra. De hecho, aunque haya sido importante el famoso Día D, las fuerzas centrales del ejército nazi ya habían sido derrotadas por la URSS, que se encontraba en plena marcha para Alemania, empujando de regreso a Berlín lo que había quedado de las tropas nazis.

El Ejército Rojo contribuyó todavía para la expulsión de los nazis de China, de Corea y derrota de Japón. El sacrificio del pueblo soviético fue inestimable. Pero valió la pena porque liberó la Humanidad de la bestia nazi. Fue también la victoria del socialismo que salió de la Segunda Guerra triunfante en toda Europa Oriental y en China.

El papel de Stalin en la victoria

Para esta gran victoria del Ejército Rojo fue fundamental el papel del camarada Stalin. Veamos lo que dijo Aleksandr Mikhaylovich Vasilevsky, mariscal de la Unión Soviética y Viceministro de Defensa durante la Segunda Guerra Mundial, acerca de la conducta de Stalin durante toda la Guerra: “Stalin se formó como estratega. (…) Tras la batalla de Stalingrado y particularmente la de Kursk, él se alzó al máximo de la dirección estratégica. Stalin pasa a pensar manejando las categorías de la guerra moderna,

él se familiariza perfectamente con todas las cuestiones de la preparación y de la ejecución de las operaciones. Él exige entonces que las operaciones militares sean conducidas de forma creadora, dando cuenta plenamente de la ciencia militar, que ellas sean enérgicas y maniobradas, teniendo por objeto el desplazamiento y el cerco del enemigo. Su pensamiento militar manifiesta nítidamente la tendencia a masificar las fuerzas y los medios, a hacer un empleo diversificado de todas las variantes posibles del comienzo de las operaciones y de su conducción. Stalin comienza a comprender bien no solo la estrategia de la guerra, lo que le fue fácil, pues él poseía el maravilloso arte de la estrategia política, sino también el arte operacional.” También el mariscal Gueorgui Jukov, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Soviéticas durante la Segunda Guerra Mundial, atribuyó grandes méritos a Stalin por la victoria: “Fue a Joseph Stalin en persona que fueron atribuidas soluciones de principio, en particular aquellas concernientes a los procesos de ataque de artillería, la conquista del dominio aéreo, los métodos del cerco del enemigo, el desplazamiento de los contingentes enemigos cercados y su destrucción sucesiva por agrupamientos, etc. ”

Con la Guerra, la URSS sufrió pérdidas enormes: 25 millones de soviéticos murieron, gran parte de ellos, miembros del Partido Comunista. Prácticamente, el pueblo soviético tuvo que comenzar todo de nuevo. Y consiguió. Fueron confirmadas así las palabas de V.I. Lenin: “Jamás se podrá vencer un pueblo en que la mayoría de los obreros y los campesinos saben, sienten y ven que defienden a su Poder Soviético, el poder de los trabajadores; que defienden una causa cuya victoria asegura a ellos y a sus hijos la posibilidad de disfrutar de todos los beneficios de la cultura, de todo lo que fue creado por el trabajo humano”. (V.I. Lenin, Obras Completas, t. XXIX)

¡Viva la Revolución Socialista de Octubre!

¡Viva el Seminario Internacional!

¡Viva la unidad de los revolucionarios latinoamericanos!

Comité Central del Partido Comunista Revolucionario – Brasil

21 Seminario Internacional Problemas de la Revolución en América Latina. Julio/ 2017

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