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Stalingrado

Marcelo Andocilla L.

Para noviembre de 1942, mientras algunos periódicos a nivel mundial anunciaron en agrandes titulares un hecho que causaría sensación: ¡la caída de Stalingrado!, las potentes divisiones soviéticas, con el mayor secreto,

participaban en la magistral Operación Urano, y las tropas de Von Paulus (más de trecientos mil hombres del ejército alemán) quedaban cercadas. Ésta y la victoria de Kursk, dos meses más tarde, decidieron la suerte de la Segunda Guerra Mundial. Fueron, sin embargo, el corolario de hechos heroicos del Ejército Rojo y del pueblo soviético, entre otros la defensa de Moscú, la ruptura del cerco de Leningrado y desde luego la gran batalla de Stalingrado. Stalin se constituyó en el jefe de guerra victorioso que luego reconstruyó la URSS, sin ayuda del plan Marshall, convirtiéndole en la segunda potencia mundial.

Desde inicios de 1942, el principal objetivo de Hitler fue hacerse con el control de los yacimientos petrolíferos del Cáucaso y el Caspio. Hitler trasladó a su Estado mayor desde su fortaleza conocida como “guarida del lobo” hacia Vinnittsa, en Ucrania, a 1.000 Km de Stalingrado, y dirigió desde allí la guerra con el nombre clave de “Werwo” en la operación Edelweiss. “Stalingrado se puso en pie de guerra dos días después de la creación del Frente de Stalingrado, y el 25 de agostos quedaría bajo “estado de sitio”». Hitler ordenó al sexto ejército de Von Paulus que tomara Stalingrado con un ataque sorpresa que resultó imposible. Retomando la ofensiva, lograron bombardear con dos mil incursiones aéreas que cobraron la vida de 40.000 personas e hirieron a 150.000 y dicen que las llamas en pleno verano y el combustible regado alcanzaron los 200 metros de altura con una tormenta de calor tan insoportable que los historiadores señalan que los canes de la ciudad salían desesperadamente en la noche para arrojarse sobre el Volga y alcanzar la otra orilla.

Stalingrado sería la antigua Tsaritsin (Volvogrado desde 1961) extendida a lo largo de la orilla occidental del Volga con casi cincuenta Km de longitud (una longitud parecida a la ciudad de Quito). Durante la guerra civil, de 1918 a 1919, el Ejército Rojo de Tsaritsin fue comandado por Stalin y Voroshilov, que enfrentaron a los sangrientos ataques de la Guardia Blanca. De allí el nombre de la ciudad.

Para la mañana del 13 de septiembre, las tropas alemanas se abrieron paso con una determinación y salvajismo sin precedentes, llegaron hasta la estación central de Stalingrado y ocuparon las casas de los trabajadores ferroviarios. La estación cambió de manos cinco veces el día 14 de septiembre y otras trece más hasta el día 17, los combatientes soviéticos defendían los edificios planta por planta. Los soldados soviéticos habían retrocedido tácticamente al interior de la ciudad, inutilizando a las unidades blindadas y al potencial aéreo alemán; así superaron a los alemanes en el combate cuerpo a cuerpo, porque eran superiores en el conocimiento del terreno y camuflaje. Hitler, a pesar del desgaste que le significó esa batalla, estaba determinado a destruir la ciudad porque llevaba el nombre de Stalin; los rusos por su parte se dieron cuenta de que los tenían a los alemanes donde querían, en un terreno desfavorable, y amaban su nombre y a su jefe. Un piloto alemán recuerda en los siguientes términos: “hemos bombardeado el campo de batalla de Stalingrado durante todo el día. Me resulta incomprensible que la gente pueda seguir viviendo en ese infierno, pero los rusos resisten entre los escombros, en los barrancos, en los sótanos y en el caos de los esqueletos de acero retorcido de las fábricas”.

Fue durante la batalla de Stalingrado cuando se hizo legendaria la potencia de los lanzacohetes Katiushka que aplastaron las unidades alemanas que trataron de tomarse las fábricas de tractores y de armamento. En Stalingrado actuaron los llamados Snipers, tiradores de élite, un enemigo invisible que abatía hombres disparo a disparo. El calor y el polvo del verano produjeron en los alemanes, una sed irresistible y en busca de agua, portando grandes cubetas, salían los soldados alemanes de sus guaridas hacia el Volga, y los francotiradores, alumbrados por la luna, se encargaban que no lo logren.

Y las mujeres de Stalingrado, que recibieron el peso inicial de los bombardeos, habían construido tres líneas de defensa alrededor de la ciudad, 478 Km de trincheras, refugios subterráneos, puntos de disparo, zanjas, obstáculos antitanques. El cuerpo de defensa de Stalingrado llegó a reclutar 8.000 voluntarias en el mes de abril, a las que se sumaron las mujeres soldados de trece ejércitos de campaña. Cerca de 60.000 mujeres-soldado de uniforme participaron en la batalla. La francotiradora más famosa de Stalingrado fue Tania Chernova; mientras, los niños y ancianos sembraban centeno en los parques y parterres de las calles para alimentar a los soldados.

Al final de la guerra, la “Gran Guerra Patria” como la llamaron, se calcula que combatieron algo más de nueve millones de soldados soviéticos, concediéndose la medalla de Héroe de la Unión Soviética a once mil combatientes de 69 etnias, al Mariscal Zhukov y dos pilotos de guerra. El Soviet supremo aprobó entregarla a Stalin y éste se opuso arguyendo que estaba destinada exclusivamente a proezas extraordinarias en el campo de batalla. En las fotografías, Stalin aparece con la estrella de Héroe en su pecho, pero que era la de Héroe del Trabajo Socialista.

¡Qué ridícula la comparación que pretenden hacer con una simple campaña electoral!

 

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