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brexit

MUNDO

Edgar Isch L.

Europa se encuentra convulsionada. Por un lado, la crisis del capitalismo y el impulso de medidas neoliberales llevadas a cabo incluso por gobiernos que se llaman “socialistas” democráticos,

como el francés, golpea con fuerza a los sectores laborales y desempleados; sumado a ello, existe una crisis de inmigrantes cuyo origen está cada vez más notoriamente en las mismas guerras que Estados Unidos y las potencias occidentales han impulsado en Medio Oriente; luego, la propia existencia de la Unión Europea se pone en cuestión cuando las encuestas demuestran que en varios de los países miembros un porcentaje mayoritario plantea su rechazo a esa estructura; y, en Francia, la clase obrera resurge en defensa de sus derechos con acciones sorprendentemente fuertes que se van realizando ya por tres meses.

La expresión de un 52% de votantes del Reino Unido que se inclinó por salir de la Unión Europea (UE) plantea la posibilidad de grandes conflictos que incluyen nuevos referendos en otros países para salirse de la Unión; una posible partición del Reino Unido con la independencia de Irlanda del Norte y Escocia que a su vez impulsarían los plebiscitos independentistas de Cataluña y otros; desajustes en las bolsas de valores y renegociación de los acuerdos económicos entre Reino Unido y el resto de Europa; debilitamiento de las negociaciones del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Europa (TTIP); son otros aspectos que hablan de la inestabilidad social económica y política en la que se debate la región.

La respuesta desde los organismos de la UE, una y otra vez, ha sido reforzar las políticas neoliberales en clara alianza con los distintos gobiernos de la región, que ante el crecimiento de acciones de rechazo a esas políticas proceden a criminalizar la protesta, llegando en Francia al caso de que el gobierno “democrático” pretendiera prohibir las manifestaciones obreras y populares.

La votación a favor de la salida de la Unión Europea (BREXIT) ha tenido dos alas. La primera, mayoritaria, es la de los partidos de izquierda y los sindicatos, que plantean el combate a toda la política neoliberal, que junto con el éxito vieron la oportunidad de terminar con el gobierno conservador y reaccionario de Cameron y que busca recuperar la autonomía financiera y económica de Inglaterra para, desde allí, plantearse la defensa de los derechos de los sectores más pobres de la sociedad, incluyendo los migrantes. La segunda, un sector empresarial y de extrema derecha, abiertamente racista y opositor al ingreso de migrantes de Oriente Medio, que busca autonomía para ajustar las condiciones de explotación sin pasar por negociaciones con el resto de la Unión Europea, agudizando las contradicciones interimperialistas. Por eso, los choques sociales sin duda se acrecentarán en el período inmediato y plantearán una disputa política que va más allá del permanecer o no en la “Europa de los monopolios”.

Algunas lecciones para América Latina

Lo que acaba de suceder en el Reino Unido nos permite considerar algunas lecciones para América Latina. La primera es que, cuando se tiene la fuerza suficiente, todo acuerdo firmado por un gobierno puede socialmente darse por terminado y que no es cierto que, como insistentemente nos dicen, una vez firmado un tratado, como es el caso de los tratados de libre comercio, no hay vuelta atrás. Pero la fuerza suficiente involucra también una adecuada correlación de fuerzas en el interior del país. Cuando Grecia realizó su plebiscito, en el cual con una amplia mayoría se rechazó las condiciones de ajuste económico impulsadas por la troika de la Unión Europea, el B. Central Europeo  más el FMI, la retroceso del gobierno griego al ceder ante las amenazas realizadas contra el país si se separaba de la UE, planteó una situación contraria.

Luego, queda claro que una decisión de incorporarse o separarse de un acuerdo para la vida futura de un país debe ser tomada mediante participación y votación popular. El plebiscito ha sido la única forma de ejercicio democrático, cuando en Europa gran parte de las decisiones están siendo tomadas por las principales instituciones de la Unión Europea, buena parte de ellas integradas por tecnócratas al servicio de los grandes capitales y que no son escogidos mediante votación por los pueblos. Hoy nuevamente, las voces de derecha dicen que los temas son técnicos y que por tanto no debería decidirse mediante votación popular, demostrando así su menosprecio a los ciudadanos a los que continuamente piden el voto.

Por supuesto, para que estos procesos se den, una lucha adicional es por lograr que la información suficiente sea accesible para todos a fin de que los pueblos puedan tomar posición. Esto recuerda a la forma oculta y oscura de negociación del Tratado de Libre Comercio entre Ecuador y Europa, del reclamo por el secreto en la negociación del tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Europa y muchas otras negociaciones y contratos, entre los que podríamos incluir los de deuda externa ecuatoriana, que se manejan como si fuesen secretos de Estado, dejando las decisiones en pocas manos y en personas con intereses individuales o corporativos mezquinos.

Una tercera lección, una vez más, está en la necesidad del mantenimiento de la independencia política de las organizaciones sociales y populares. No es extraño que en el voto por salir de la UE se presentaran argumentos tanto de la izquierda como de la derecha impulsando sus propias agendas, así como no es raro que en el voto por quedarse también hayan existido criterios diversos. La existencia de contradicciones internas en la clase de los burgueses no significa que los trabajadores y los pueblos no deban participar activamente en las decisiones políticas, pero desde su propio punto de vista. Se puede recordar que en los levantamientos populares que derrocaron tres gobiernos neoliberales y corruptos en el Ecuador también existían sectores de las clases dominantes interesados en la caída de esos gobiernos, como un ajuste de cuentas para resolver los intereses de cual sector se priorizaría y eso no hizo ni menos importante ni menos justa la reacción y levantamiento popular, que se planteó bajo banderas propias, diferenciadoras, que denunciaron al conjunto de las clases dominantes y a sus intereses particulares.

Hoy, en el Reino Unido, se pone en el tapete qué sector social y político será el más beneficiado. Sin embargo, es indudable que ha sido golpeado un instrumento del imperialismo, que crecen las posiciones anti neoliberales, que la clase obrera y la juventud retoman una participación política activa y que expresan una importante solidaridad internacionalista, como se demostró en la acción de centenares de militantes  que, votando por la salida de la UE, pocos días antes del plebiscito acudieron a la frontera con Francia a decirles a los migrantes que eran bienvenidos.

Otro aspecto visible es el rol del capital financiero y su inmediata reacción en las bolsas de valores. Demuestra que los beneficios privados están por encima de los derechos de los pueblos y que tienen temor del crecimiento de la oposición a las políticas de ajuste neoliberal. “El mercado está nervioso” dicen los economistas neoliberales, pero eso significa que los grandes millonarios están nerviosos. Si tienen razones para ello es porque la geopolítica y sus intereses están en juego y porque los pueblos retoman su accionar político en pro de la justicia social.

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OPCIÓN es un periódico que circula a nivel nacional cada quince días. Se editó por primera vez el 21 de enero del 2001. Tiene una línea editorial que se identifica con los sectores populares y movimientos sociales del país, por eso es un medio de comunicación alternativo; alternativo a los intereses políticos, económicos, sociales y comerciales -hegemónicos capitalistas- que guían la acción de los mass media.

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