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dilma y lula

Por Rolando Castro

Las denuncias de corrupción  que conmociona en estos días a Brasil tiene como actores principales a la empresa Odebrecht, un gigante corporativo que emplea cerca de 200 mil trabajadores, con presencia en 21 países, que está investigada  por supuestamente participar de un cártel de firmas de la construcción, acusados de distintos delitos asociados a la corrupción, el soborno a políticos, sobrefacturación, entre otros asuntos. Es una de las empresas ligada a importantes contratos con el Estado brasileño, particularmente con la estatal petrolera, Petrobras.

El apresamiento y condena a 19 años de cárcel a Marcelo Odebrecht, directivo de la empresa, ha sido todo un acontecimiento en un país donde los ricos son considerados impunes a la justicia. En esta trama de corrupción, un “club de constructoras” se repartió fraudulentamente contratos millonarios de Petrobras en complicidad de altos funcionarios de la petrolera y del gobierno.

Odebrecht surgió y prosperó en la época de la dictadura militar (1984- 1985) y siempre estuvo ligado al poder  a Petrobras, recibiendo importantes contratos en numerosas obras: sus tentáculos llegan hasta las áreas de seguridad y defensa. Se afirma además que esta empresa financió las campañas electorales del PT y a partidos de oposición, por ello se los acusa  de haber conocido por mucho tiempo esta red y de haber permitido el atraco.

El juez  a cargo del caso ha vinculado en este caso  al ex presidente Lula da Silva, a quien se le acusa de haber participado en este circo de corrupción.

Esta trama va llegando a la cúspide, pero aún falta por destaparse más cosas que  pueden tener implicaciones graves para el gobierno de Dilma, que sufre un severo desgaste y está amenazada con juicio político en el parlamento, en la que fuerzas de oposición e incluso sus actuales aliados podrían votar por la terminación de su gobierno.

La corrupción no es nada nuevo en el sistema capitalista, en realidad es una de sus características, pues, solo puede sostenerse  en base a la explotación de millones de trabajadores, al despojo de tierras de los campesinos, a la pobreza y exclusión de millones de pobladores, a la estafa y a la burla de sus propias leyes de control. La utilización de 2 mil millones de dólares  para sobornos a funcionarios gubernamentales -por parte de la poderosa multinacional brasileña Odebrecht- es el caso más sonado de corrupción y por ello emblemático, pero no el único.

Sin embargo, siendo este caso un factor importante que pesa en la política brasileña, está de otro lado el gran descontento, el rechazo y la movilización popular que más allá de las obvias manipulaciones que la derecha pueda hacer. El pueblo está cansado de un gobierno demagógico, que  no ha resuelto los problemas fundamentales del pueblo como el derecho a la vivienda, a la salud, la educación, al trabajo, es un pueblo que demanda cambios y que resume ese espíritu en el ¡Fuera Dilma ¡ ¡Fuera Todos¡.

Las movilizaciones que se produjeron el pasado 13 de marzo no pueden ser asumidas únicamente como una manipulación de la derecha, entre los millones de movilizados está el rechazo a las políticas de ajuste, al alto costo de la vida, a elevados impuesto, a la desocupación que ha implementado el actual gobierno, descargando la crisis sobre los hombros de los trabajadores y el pueblo.  

Los gobiernos del PT de Lula y Dilma son gobiernos reformistas que no han cambiado la estructura económica y social del país y, como puede verse, han gobernado al amparo y auspicio de la oligarquía, a la que han servido como eficientes administradores de esos intereses, asegurándoles sus privilegios, dándoles espacio para sus negocios y ganancias en perjuicio de las mayorías populares, a quienes se limita sus derechos y libertades democráticos.

El PT sufre un gran desgaste, diez años han sido necesarios para el pueblo brasileño lo perciba  como un partido más de los que han gobernado Brasil a favor del capital, no tiene ni la fuerza ni la credibilidad para seguir engañando con la fraseología de izquierda, su práctica política lo ha desenmascarado, sus cuadros principales han degenerado, Dilma no da más y Lula, hoy en el ojo del huracán de la corrupción, ve desvanecer la posibilidad de postularse nuevamente a la presidencia

El pueblo brasileño, las fuerzas democráticas, de izquierda y revolucionarias del Brasil deben ligarse a este despertar de movilización popular que quiere cambios y  afirmar un camino independiente del reformismo y la derecha. 

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OPCIÓN es un periódico que circula a nivel nacional cada quince días. Se editó por primera vez el 21 de enero del 2001. Tiene una línea editorial que se identifica con los sectores populares y movimientos sociales del país, por eso es un medio de comunicación alternativo; alternativo a los intereses políticos, económicos, sociales y comerciales -hegemónicos capitalistas- que guían la acción de los mass media.

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