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solteronas graduadas

José Villarroel Yanchapaxi

“Los conflictos de las mujeres se desarrollan bajo sus propios términos, no imitando a los hombres” Anaís Nin

Uno de los hitos importantes en favor de las mujeres ecuatorianas, en el contexto latinoamericano fue el derecho al voto. Esta lucha se dio a inicios de la década de 1920. Matilde Hidalgo de Prócel, en 1924 fue la primera mujer ecuatoriana en votar. Sin embargo, no fue sino hasta 1929 que la Constitución de la República reconoció a las mujeres como ciudadanas lo que dio paso para que años más tarde se reconociera de manera legítima y real el voto femenino.

Las mujeres siempre fueron parte de la lucha social en el intento de ocupar espacios de gobierno y ejercer cargos en el antiguo Congreso Nacional y la Vicepresidencia del país. Desde 1978, surgieron varios grupos y organizaciones femeninas que han constituido un actor social colectivo capaz de expresar demandas y generar propuestas de políticas públicas, a lo que se sumarían las mujeres indígenas y campesinas en el levantamiento indígena de 1990. A partir de este suceso, la situación de las mujeres en el Ecuador comienza a transformarse. En las zonas urbanas la población de madres es mayoritariamente de jóvenes y tienen un promedio de cuatro hijos. La participación económica femenina se incrementa hasta ser cerca de un tercio de la fuerza laboral, así mismo, existe un incremento en el ingreso en el sector educativo. Esto sucede en menor medida con las mujeres de las zonas rurales, quienes aún tienen considerables carencias, en lo económico, sanitario y educativo.

Lamentablemente, la mentalidad de las mujeres no ha cambiado del todo durante estos diez años del gobierno de Rafael Correa, ya que aún en la actualidad existe una gran diferencia entre las mujeres de las zonas rurales y urbanas, entre costeñas, serranas y amazónicas. Por ejemplo, en algunas comunidades aún continúa la creencia de que el deber de las mujeres es conseguir un esposo, cuidar bien de él y de sus hijos. Una revolución cultural en estos aspectos y en este contexto se hace imprescindible, pues el pensamiento de las mujeres (con las excepciones del caso) aún sigue sujeto a cánones tradicionales a niveles del inconsciente.

Con respecto a las madres solteras, ya sea por decisión o porque las circunstancias se dieron de este modo, si antes estas mujeres fueron discriminadas y excluidas por sus familiares y amigos, incluso por personas de su mismo sexo, hoy en día la crítica es menor pero todavía existe y a veces el machismo solapado las hace ver más bien como que ser madre soltera es un valor, un monumento a la constancia y la perseverancia de sacar adelante sola a sus hijos lo cual justifica de algún modo la paternidad irresponsable.

La edad de las mujeres que desean contraer nupcias también se ha alargado. Contrariamente a la generación anterior, en la que la mujer era educada para ser madre y esposa y en la que a la edad de 25 años era considerada despectivamente como solterona, hoy esta realidad ha ido desapareciendo, sobre todo por el deseo de las mujeres de obtener un título universitario e incluso un título de cuarto nivel en el extranjero en el mejor de los casos. Este hecho pospone la decisión del enlace matrimonial postergándolo para cuando cumplan los 30 años más o menos, en promedio. Por otro lado, el divorcio ha dejado de ser un tabú, las mujeres pueden terminar relaciones que consideran tormentosas, sin sentir (o en menor medida) el peso de las críticas. Tal es el caso que en los últimos 10 años se ha incrementado el divorcio en un 92,37%.

Es evidente que la mujer ecuatoriana de ahora no es la misma que la de hace tres décadas, pues ha creado nuevos simbolismos, nuevos imaginarios e incluso se habla de nuevas sensibilidades y nuevas feminidades. Sin embargo, en términos de derechos y garantías legales hay todavía un camino vasto por recorrer pues el porcentaje de mujeres que han sido violentadas en Ecuador es de 6 de cada 10, según el INEC; además, el embarazo adolescente sigue uno de los problemas sociales preocupantes debido a los fallidos intentos de prevención, sin un estudio antropológico y sociológico previo, con campañas sin creatividad ni cercanas a la realidad por parte de un estado paternalista y curuchupa, como lo demuestra el denominado Plan familia que fuera dirigido por Mónica Hernández, cuestionada por sus vinculaciones con el Opus Dei, plan en el que pretendía regular la intimidad y la vida sexual de los ciudadanos.

El número de hijos por pareja también ha decrecido. Por una parte, el sistema educativo les convence de que la mayor realización de una mujer es la maternidad y que por tanto todas las mujeres deben ser madres, y por otra, desde la sociedad se tiene la creencia de que una mujer que no tiene hijos es egoísta porque quiere tiempo únicamente para ella misma y la idea de cuidar a un hijo le agobia.

Es interesante observar que, así como ocurre con todo, las mujeres que no quieren tener hijos ya están siendo encasilladas o etiquetadas bajo ciertos títulos. A continuación se hará un breve resumen de algunos de ellos.

Mujeres NoMo: NoMo significa “No mothers”. Mujeres que no sienten el deseo o anhelo de ser madres.

Childfree: es un movimiento que cada vez tiene más adeptos. Se denomina así al grupo de hombres y mujeres que no desean tener hijos.

DINKS: “Double Income No Kids, que en español significa “doble sueldo sin hijos”. Con este término se denomina a las parejas con compromiso que no desean tener hijos.

PANKS: “Proffesional Aunts No Kids”, que en español significa tías profesionales sin hijos. Se denomina así a las mujeres que disfrutan de la cercanía de los niños/as (sobrinos) y se conforman con esto, sin sentir la necesidad de ser madres.

Las características que las unen son: la mayor educación, el buen nivel económico, el deseo de independencia, manejo del tiempo, sin importar si tienen o no afecto por los niños, pues muchas no pudieron tenerlos por razones fisiológicas, mientras otras no hallaron a quien pudiera ser su pareja y papá de sus hijos. O simplemente, no quieren niños.

Sea como sea, no hay duda de que el papel de la mujer a inicios del siglo XXI va a crear novedosas aristas para el análisis de temas como la equidad de género.

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