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reflexion voto

José Villarroel Yanchapaxi

Quienes abrazamos desde nuestra juventud la ideología de izquierda revolucionaria, cobijados por la roja bandera, quienes venimos  de la generación del Mayo 68, la del “PROHIBIDO PROHIBIR”, la que quería tomarse el cielo por asalto, la de “SEAMOS REALISTAS, EXIJAMOS LO IMPOSIBLE”, esa generación de la más bella utopía,  de la canción social, del levantamiento indígena de 1990 que buscaba reivindicar los derechos de los pueblos y nacionalidades, de las luchas sociales y populares, aún creemos que es posible avanzar hacia una sociedad más justa y equitativa, pues todavía existen organizaciones y colectivos sociales de trabajadores, indígenas, maestros, campesinos, estudiantes, etc., que sueñan con que los derechos sean eso, más derechos y más humanos. Somos la generación de hombres y mujeres que luchamos en las calles y las plazas del Ecuador para derrocar a los gobiernos corruptos de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez.

Ha transcurrido una década en que Rafael Correa gobernó al Ecuador con un proyecto novelero que denominó Socialismo del Siglo XXI. Década en  la que la gavilla de nuevos ricos pseudorevolucionarios  han perdido toda ética y moral, convirtiendo al Ecuador en una sociedad en que actos de corrupción como los casos de Petroecuador, la inexistente Refinería del Pacífico en el Aromo, la Refinería de Esmeraldas y las coimas y sobornos de la compañía brasilera Odebrecht (solo por mencionar algunos) serían parte de nuestra idiosincrasia, de la más refinada viveza criolla.

A nombre del irracional desarrollo y el progreso, Rafael Correa y Alianza PAIS, secundados por una Asamblea Nacional de mayoría gobiernista transformada en un clan de alzamanos que no fiscalizó ni legisló, se transformaron en los mejores aliados del capitalismo transnacional y del imperialismo chino. Hipotecaron al país con una deuda externa gigantesca con la venta de crudo anticipado y resultaron ser un depredador insaciable que hiere de muerte a la selva al extraer petróleo del Yasuní o metales preciosos en la cordillera del Cóndor. En su desesperación por mantener un aparato burocrático y clientelar, no les importó violentar los derechos de los pueblos ancestrales a quienes también denigró con su verborrea.

¡Compatriotas! Nadie puede ejercer sus derechos si dejamos que nos paralice el miedo, si no alzamos la voz para protestar en contra de la justicia politizada por el correísmo, que ha criminalizado la lucha social y ha perseguido a los dirigentes populares. Tenemos derecho a expresar nuestras ideas para analizarlas, confrontarlas o disentir y así ejercer nuestro legítimo derecho a la libertad de expresión.

Tenemos derecho a que los gobernantes nos digan la verdad, que no nos mientan desde la pantalla de un televisor o desde las redes sociales.

Tenemos derecho a que no nos impongan una voluntad omnímoda e insensata a nombre de un fallido cambio de matriz productiva. Tenemos derecho a que el marketing, la propaganda política o una sabatina transformada en un show de la más baja calaña no nos vendan una realidad ficticia como si fuera una marca de un artículo de tocador que solo se puede comprar en un centro comercial.

Tenemos derecho a que los padres de familia tengan un salario justo que cubra la canasta básica y que nuestros hijos no estudien en condiciones de hacinamiento en los establecimientos escolares con la consiguiente sobreexplotación intelectual y laboral de los maestros, quienes ganan un sueldo de miseria, y que los niños, niñas y adolescentes accedan a una educación liberadora, creadora  y emancipadora mas no opresora. Los jóvenes tienen derecho a ingresar libremente a la Universidad, ser autores y actores de nuestra vida para decidir qué estudiar y en qué trabajar.

Tenemos derecho a la intimidad, a no ser discriminados y excluidos, a que nuestra salud física y mental no sea violentada con políticas fascistoides como el Plan Familia, que pretende regular nuestra vida cotidiana o la manida tabla de consumo de drogas con el resultado de que aumentó el microtráfico y el consumo entre los jóvenes.

¡Ecuatorianos!: el enemigo es Rafael Correa y sus secuaces. Es hora de tomar una posición política. Llegó la hora de liberarnos de esta caricatura de revolución, de un nefasto presidente con incontinencia verborreica, un ególatra megalómano que resultó un mal economista y un pésimo estadista.

Llegó la oportunidad de enterrar en las urnas, este próximo 19 de febrero de 2017, tanta vanidad, prepotencia e impunidad. Es hora de votar por el Acuerdo Nacional por el Cambio.

 

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